jueves, 14 de junio de 2018

La lucha feminista cumple 25 años en La Rondilla

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«Las chicas buenas van al cielo y las otras a todas partes», reza la camiseta que Elena de la Fuente Estébanez, con su pelo morado feminista, su férreo currículum social, se ha enfundado hoy para celebrar –junto a compañeras del colectivo– los 25 años de la Asociación de Mujeres de La Rondilla, una entidad que apunta al relevo generacional, que se halla inmersa en «nuevos retos» y que confía en atraer a más jóvenes que se enganchen a la causa que en 1993 emprendió un grupo de mujeres del barrio. «Hemos evolucionado, claro, hemos conseguido mucho y puede que haya jóvenes que no sientan la necesidad de luchar... pero hay cosas que nos preocupan: los asesinatos de mujeres, el acceso al mercado trabajo y la conciliación laboral, el machismo entre adolescentes», cuenta la presidenta, Mauri García Vecino, nacida en 1950, los dos apellidos consignados «porque tenemos madre» y una de las pioneras de una asociación que se fundó por «la necesidad de hablar y de ser escuchadas» en un tiempo en el que la voz de la mujer «necesitaba altavoces potentes para ser atendida».


«Estábamos cansadas y hartas del tú no sabes, para qué te metes, qué vas a decir si no tienes ni idea», cuenta Mercedes García Viejo, una de las veteranas del colectivo, al que se sumó apenas seis meses después del nacimiento del grupo en febrero de 1993. El germen estuvo en la asociación vecinal del barrio. «El problema es que todas las asambleas en las que se tomaban las decisiones se celebraban a última hora de la tarde. Eran otros tiempos. Las mujeres nos íbamos a hacer la cena y no podíamos participar», rememora Elena, quien recuerda que esa sensación de impotencia, esa necesidad de contribuir con sus ideas, animó a crear un grupo específico de mujeres «que opinara sobre cómo mejorar el barrio y que fuera punto de encuentro». 

La Rondilla era un ecosistema perfecto:un barrio obrero, combativo, reivindicativo, con cientos de familias llegadas de los pueblos que necesitaban establecer redes vecinales.«Muchas mujeres se habían dedicado toda su vida al cuidado de la familia y necesitaban salir, encontrarse con otras mujeres, compartir sus ideas», explica Candelas Gutiérrez López. También abrirse al mundo. Mejorar su formación. «Tuvimos la inteligencia de atraer a muchas mujeres con una oferta de talleres que les animara a salir de sus casas:corte y confección, cestería, pintura, cerámica. Después, lo demás ya vendría dado». Lo demás eran foros de debate y jornadas reivindicativas.

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