La pobreza tiene múltiples
vertientes, algunas visibles y otras invisibles, pero todas interrelacionadas. El tema de este año
destaca una de las vertientes más difíciles de ver de la pobreza: el maltrato
social e institucional que sufren las personas que viven en la pobreza. Además,
se estudiarán formas de actuar conjuntamente para alcanzar el Objetivo de
Desarrollo Sostenible (ODS) 16, que
promueve sociedades justas, pacíficas e
inclusivas.
Las personas que viven en la pobreza
son blanco de actitudes hostiles. Se les estigmatiza,
discrimina, juzga, por ejemplo, por su aspecto, acento, su discurso —o la
falta del mismo—, se les culpa de su
situación y se les falta al respeto.
El maltrato social da lugar al maltrato institucional, con una combinación de conductas nefastas, como la
desconfianza y la falta de respeto,
y el control de políticas y prácticas discriminatorias, que niegan a las
personas sus derechos humanos fundamentales, por ejemplo, el acceso a la
atención sanitaria, la educación, la vivienda y el derecho a la identidad
jurídica.
El maltrato social e
institucional se retroalimentan y se conforman como una violencia de doble filo, que ahonda en la injusticia. Esto se
agudiza aún más para las personas que se enfrentan ya a otras formas de
prejuicio, por temas de género, orientación sexual, raza o etnia.
Es fundamental comprender la
pobreza y cómo las diferentes formas de violencia y dominación interactúan entre sí y afectan a las personas que viven en
la pobreza.
“Se estima que el 7% de la población mundial —unos 575 millones de personas— podría verse aún
atrapada en la pobreza extrema en 2030”
Fuente: Naciones Unidas
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