Confilegal.- Esteban Ibarra,
presidente de Movimiento contra la Intolerancia y secretario general del
Consejo de Víctimas de Delitos de Odio, denuncia el crimen de lesa humanidad
cometido por la dictadura teocrática iraní contra su pueblo, la represión brutal
de las protestas pacíficas, la opresión de las mujeres y el silencio cómplice
de la comunidad internacional ante la masacre.
¿Qué le sucede al mundo? ¿Y a las
instituciones derivadas de la Carta de la ONU? ¿A los países que exhiben
valores democráticos?
¿A las ONG, «influencers»,
partidos, sindicatos, artistas y aquellas gentes que proclaman la defensa de
los derechos humanos? ¿Por qué ese silencio ante la masacre terrorista —crimen
de lesa humanidad— hacia el pueblo iraní que está ejecutando el régimen
teocrático islamista?
¿Por qué esos sesgos, ese doble
rasero y esa banalización del sufrimiento, en especial de las mujeres valientes
que luchan por su libertad frente a la dictadura de los ayatolás?
Aquí no hay solidaridad, no hay
flotillas, proclamas, campañas, pronunciamientos. Solo hay un ruidoso y delator
silencio.
No es de ahora la gran
hipocresía. En 1979, durante la revolución islámica de Jomeini,
asistí a debates con sectores “izquierdistas” que veían una oportunidad de
alianza en el tablero mundial frente al “imperialismo yanqui”; algo que más
recientemente otros nuevos y asiduos de la TV de los ayatolás expresaron como
alianza necesaria que requiere “cabalgar las contradicciones”.
Y mientras, otros paralelamente
sostienen que las condiciones geopolíticas dificultan incluso reconocer a la
“Guardia Revolucionaria Islámica”, aparato sanguinario del Estado teocrático,
como organización terrorista, tal y como ya reconoce la Unión Europea.
En el otro extremo del arco
ideológico, neofascistas se sienten confortados porque la dictadura islamista
es vanguardia en la lucha contra Israel y los ayatolás han prometido un nuevo
Holocausto, esta vez nuclear, así como apoyar a organizaciones terroristas como
Hamás en Gaza, a Hezbolá en Líbano, a hutíes en Yemen, a las milicias en Siria,
al denominado “anillo de fuego” contra Israel, en lo que coinciden con
neoizquierdistas, sin olvidar alianzas que se proyectan en dictaduras como en
Venezuela y otros países latinoamericanos donde llega la larga mano
islamista-iraní.
Un crimen de lesa humanidad
En poco más de una semana, la
dictadura teocrática islamista, según testimonios públicos conocidos, ha
asesinado a más de 43.000 personas, menores incluidos, ha causado más de
350.000 heridos, ha dejado ciegos a 10.000 personas, aunque desgraciadamente se
espera confirmar una cifra mucho mayor, según fuentes de la solidaridad
internacional con el pueblo iraní.
Sucedió durante la movilización
social y pacífica, alimentada por la crisis económica y la situación de miseria
a todos los niveles, que alcanza hasta el acceso al agua, en un país de
importante riqueza, con más de 90 millones de personas.
Los primeros asesinatos
tuvieron lugar el 28 de diciembre, siendo su momento más terrorífico los días
8, 9 y posteriores de enero coincidentes con la convocatoria a la que
respondieron millones de personas en un rotundo rechazo social a la dictadura
religiosa-militar.
La masacre sucedía en más de
200 ciudades donde hubo represión del Estado que asesinó a
manifestantes pacíficos y contó con la participación de grupos terroristas como
la Guardia Revolucionaria, los Basij y los proxys financiados que venían de
Irak, Afganistán, Pakistán y otros países, sembrando la muerte mediante
disparos indiscriminados desde helicópteros, azoteas, balcones, entrando en
portales y casas, matando heridos en hospitales, disparando por la noche a
quien saliera a la calle. Una matanza.
El alcance y dimensión de la
masacre de civiles es imposible de conocer: cortaron Internet desde el 8 de
enero y aún sigue sin normalidad.
No hay comunicación fiable por
parte de las autoridades del régimen, hay censura y no existen medios de
comunicación independientes, se persigue a informadores críticos con pena de
ejecución por espías. Y todo fue en cumplimiento de la orden de Alí
Jamenei, el líder supremo, el más alto dirigente del Estado islamista,
que exigió el empleo de máxima dureza en la represión hacia los manifestantes
pacíficos, a los que calificó de alborotadores y agentes de Mossad.
Con este bulo, para muchos es
suficiente para justificar esta barbarie silenciada.
Estamos ante un crimen de lesa
humanidad, una acción generalizada de un gobierno contra su propia ciudadanía
que defendía sus libertades y derechos, y que no debe prescribir, y deben
ser imputados todos los responsables e implicados en esta barbarie.
Opresión de las mujeres, de las
minorías religiosas, étnicas, sexuales, y la disidencia
Vivimos un momento de amoralidad,
de quienes se instalan en el “vale todo” y que ya tuvo sus antecedentes en el
siglo pasado, durante numerosos “procesos revolucionarios” que legitimaban
dictaduras sangrientas porque “el fin justificaba los medios”.
Pensamos que habíamos derrotado
esa perspectiva, pero la amoralidad volvió como denota la apuesta por el
silencio de los corderos en la masacre del pueblo iraní.
No es la primera vez que esta
dictadura religiosa-militar reprime a sangre y fuego las protestas sociales,
numerosas en las últimas décadas, en reclamo de la dignidad, libertad, justicia
e igualdad, pero esta vez sí que ha sido la más salvaje, atroz y sanguinaria de
este régimen que mediante una brutal represión y gozando del silencio cómplice
de la Comunidad Internacional ha conseguido mantenerse en el poder desde hace
47 años.
La Inquisición islamista reprime
salvajemente a las mujeres que son víctimas de crímenes de odio misógino, y
también las minorías religiosas, étnicas, sexuales y la disidencia, con
ejecuciones sumarias.
Y la ONU guarda silencio,
junto a la débil crítica de la Unión Europea.
Es preciso recordar el
levantamiento de las mujeres iraníes, al que se sumaron varones también, en
septiembre de 2022, en respuesta a las discriminaciones, opresiones y
asesinatos basados en apartheid por razón de sexo, con especial protagonismo de
la “Policía de la Moral y la Virtud” que tiene la función de vigilar el
cumplimiento de los preceptos islamistas, en especial el uso del código de
vestimenta obligatorio para las mujeres y que muestra su misoginia
institucionalizada y su constante violación de Derechos Humanos.
Las movilizaciones pacíficas de
“Mujer, Vida, Libertad”, que en pocos meses fueron duramente aplastadas,
realizándose ejecuciones públicas por participar en las manifestaciones.
De nuevo el pueblo iraní en la
diáspora se ha echado a las calles en numerosas ciudades europeas, continuando
la movilización de los que allí no pueden porque les asesinan, llamando a la
solidaridad internacional, al compromiso de los gobiernos democráticos, a que
no les dejen en soledad y a que no mantengan un silencio cómplice.
Reivindicaciones
Organizaciones en España como la
Voz de Irán y activistas agrupados en el Comité de Solidaridad con el Pueblo
Iraní piden y reivindican:
• La paralización inmediata de
todas las penas de muerte y de cualesquiera otras penas que constan en
la tortura o en tratos inhumanos o degradantes de la condición humana.
• La libertad de
todos los presos por motivos políticos o de conciencia.
• La expulsión de los
representantes diplomáticos del actual régimen iraní, así como la
congelación de sus activos que pudieran estar depositados en entidades
financieras.
• La activación del acuerdo de
la ONU de Responsabilidad de Proteger a la población iraní de una matanza
masiva de la mano de la casta criminal que ejerce el poder contra su
propio pueblo.
• El fin de la dictadura
teocrática islamista que mantiene secuestrado a todo un pueblo.
• La condena internacional y
la desarticulación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán y
su aparato represor, acabando con las organizaciones terroristas de cualquier
índole y en especial los brazos armados islamistas.
• La constitución de un
tribunal penal internacional para el enjuiciamiento de los crímenes de
Estado cometidos a lo largo de esta etapa de gobierno teocrático.
• El efectivo ejercicio de
justicia que garantice los derechos de las víctimas de la dictadura
teocrática islamista.
Poner fin a la dictadura
teocrática
¿Y a qué espera la Comunidad
Internacional, que reivindicación no se entiende? ¿Y el gobierno, el Parlamento
español y el conjunto de instituciones, partidos, sindicatos y ONG?
Es urgente poner fin a la
dictadura teocrática islamista en Irán y posibilitar un gobierno de transición
legítimo que restaure el régimen de derecho y libertades; es una necesidad y no
sólo para el futuro de Irán, sino para la paz mundial.
La mayoría de las organizaciones
políticas y sociales se pronuncian en el interior y exterior, como estamos
viendo en las manifestaciones europeas, por el reconocimiento del liderazgo en
el período de transición de Reza Pahlavi, como figura nacional
ampliamente respaldada por el pueblo iraní y que se proyecta como símbolo de
unidad nacional, de ruptura con la dictadura y de esperanza democrática, en una
transición pacífica que permita la instauración de un Estado de derecho, el
respeto a las libertades fundamentales y la restitución de la soberanía popular
al pueblo iraní.
No obstante, y más allá de los
difíciles recorridos transicionales, el cumplimiento de acciones solidarias es
urgente y está basado en el deber moral, legal y humano de poner fin a la
masacre del pueblo iraní.
De lo contrario sería una
sentencia de muerte para millones de personas y constituiría un precedente para
que otros gobiernos cometan masacres contra sus propios pueblos con total
impunidad, en una permisividad inaceptable con el gobierno islamista de Irán
durante casi medio siglo. No les abandonemos.

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