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miércoles, 30 de diciembre de 2020

La Fiscalía alemana pide cadena perpetua para el neonazi acusado de matar a un político

El neonazi alemán Stephan Ernst, acusado de matar en junio de 2019 al político de la CDU Walter Lübcke, se enfrenta a una pena de cadena perpetua por este crimen. Según la acusación, Ernst actuó por «odio racista» al ser Lübcke un político defensor de la acogida de refugiados.


La Fiscalía federal alemana ha pedido este martes cadena perpetua para el ultraderechista Stephan Ernst, de 47 años, autor confeso de la muerte en 2019 del político conservador Walter Lübcke, comprometido con la acogida de refugiados.

El fiscal Dieter Killmer ha solicitado que a dicha condena se le añada la cláusula de reclusión a perpetuidad, para que no pueda acceder a un régimen abierto o semiabierto –lo que a la práctica puede ocurrir tras los 15 años de prisión–, dada la gravedad del caso. La acusación imputa a Ernst haber actuado impulsado por una ideología «asesina y ultraderechista» y el «odio racista» hacia un político al que identificó como defensor de la política de asilo.

Junto al «atentado mortal político» contra Lübcke, la Fiscalía imputa al procesado el intento de matar, unos años antes, de un refugiado iraquí. Tras la petición de la fiscalía, se esperan ahora los alegatos de la defensa, presumiblemente a principios de enero, y que se dicte sentencia a finales de ese mes.

A lo largo del proceso, que se celebra en la Audiencia de Frankfurt, Ernst ha admitido ser el autor del tiro que mató a Lübcke, al que fue a buscar hasta su domicilio la noche del 1 de junio de ese año y mató al reconocerle en la terraza de su casa. El acusado ha pedido perdón a los familiares por unos hechos que calificó de «error incalificable» y que, según ha afirmado, cometió impulsado por «falsas ideologías».

Junto al presunto autor material del crimen se juzga por complicidad a un segundo procesado, Markus H., que presumiblemente le suministró el arma y para el que la fiscalía pide nueve años y ocho meses de prisión, por considerar que conocía y compartía sus intenciones.

Violencia neonazi

Lübcke era un político local que se había destacado por su defensa de la acogida de refugiados durante la crisis migratoria de 2015. Por entonces crecían las críticas entre las propias filas conservadoras a Merkel, por no haber cerrado las fronteras del país durante la crisis migratoria de 2015.

Su muerte activó las alertas del conjunto de la clase política ante el incremento de la violencia ultraderechista. Tanto desde la gran coalición de Merkel como desde la oposición se vio en el discurso xenófobo de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), tercera fuerza a escala nacional, un caldo de cultivo para la violencia neonazi.

La muerte de Lübcke, de la Unión Cristianodemócrata (CDU) sacudió en su momento tanto al bloque conservador de la canciller Angela Merkel como al resto de la clase política alemana.

Fuente y más información aquí

jueves, 28 de mayo de 2020

Cuatro personas asaltan una vivienda por una bandera republicana en el balcón

Los agresores entraron en la casa, donde había cinco personas, y agredieron a dos de los moradores

Javier Cuesta, agredido por tener una bandera republicana en el balcón de su casa de Granada, ha añadido una española tras el incidente.
Javier Cuesta, agredido por tener una bandera republicana en el balcón de su casa de Granada, ha añadido una española tras el incidente.FERMIN RODRIGUEZ

El 16 de mayo, tras la muerte de Julio Anguita, Javier Cuesta decidió homenajearlo colgando en su balcón una bandera republicana. Ahí seguía una semana después cuando tras concluir la manifestación diaria de la ultraderecha en el centro de Granada un joven decidió orinarse en la puerta, justo debajo del balcón y la bandera. El sobrino de Javier, de 23 años, se percató del hombre que orinaba y le dijo que se fuera. Comenzó entonces una trifulca que acabó con Javier Cuesta y su sobrino en el hospital con hematomas y roturas varias y con una denuncia contra cuatro asaltantes por un posible delito de odio y agresión.


En la vivienda de Javier Cuesta, de dos plantas, residen estos días cinco personas. El propio Javier, de 40 años, sus padres, de 80, un sobrino de 23 y la madre de este, hermana de Javier. El sábado, Javier y su sobrino habían terminado de organizar una habitación cuando el primero se fue a duchar y su sobrino –alguien a quien “no le gusta precisamente la bandera republicana” según cuenta su tío– se entretenía en el balcón. Ahí fue cuando vio al hombre orinando. Le reconvino y bajó a la calle a decirle que se fuera. Comenzó una pelea que el joven dio por concluida al ver que a su contrincante se unían tres personas más que paseaban con él y que estaban unos metros más allá. El sobrino, con miedo, se metió en la casa y cerró la puerta.

Javier, músico y trabajador en el sector de la maquinaria de hostelería, estaba a punto de ducharse cuando oyó los gritos de su padre y de su hermana, que estaban en la planta baja, la de la entrada a la vivienda. Los cuatro intrusos y agresores –“de alrededor de treinta años, vaqueros, polo blanco y uno de ellos con un reloj Lotus que perdió en la trifulca”, narra Cuesta– habían pegado una patada en la puerta y buscaban al sobrino, que se había refugiado en su habitación. Mientras unos echaban la puerta abajo del dormitorio, otros se habían metido en el salón. Allí se encontraron con los padres de Javier, uno de ellos con principio de Alzheimer, que no entendía lo qué estaba pasando. Nadie lo entendía, realmente.

El ruido hizo que Javier bajara corriendo –“pensé que nos estaban robando”, dice Cuesta– y tres de ellos ya estaban camino de la calle. Se topó con el cuarto justo a la bajada de las escaleras. Allí le espetó: “¿Qué hacéis, qué queréis?”. Se enzarzaron en una pelea que pasó de la entrada de la casa a la calle. Allí se unieron los otros tres asaltantes. “Se liaron a puñetazos y patadas conmigo. Un golpe en el estómago me tiró al suelo. Ahí siguieron dándome patadas. Pensé que me moría, que no iba a volver a ver a mis hijos ni a mis padres”, relata Cuesta. “Sinceramente, creo que he resucitado porque creía que me mataban. Si no salen mis padres a ver qué pasa y con el ruido salen los vecinos, no sé qué hubiera sido de mí”.

Javier nunca consiguió que le respondieran a la razón del asalto. Fue su sobrino el que le recordó la bandera. “¿Por qué si no en nuestra puerta, con lo vacía y larga que es la calle? Es la única que tiene algo diferente”, dice Cuesta que le dijo el sobrino. Tras la agresión, los amigos le recomendaron que fuera al hospital. Allí estuvo hasta pasadas las cuatro de la madrugada. Necesitaba que lo curaran y que le dieran un parte de lesiones. Y ahí consta: Politraumatismo y luxación del meñique derecho. A ello suma varias puertas rotas en su casa.

El lunes, Javier Cuesta tuvo de volver a un centro de salud porque le aparecieron nuevos moratones y necesitaba un nuevo parte de lesiones. Con ello, el lunes por la tarde presentó una denuncia en el juzgado de guardia por un presunto delito de odio y agresión contra los asaltantes, que no han sido detenidos aún porque en la mañana del martes aún no había llegado la denuncia a la policía y no había comenzado, por tanto, ninguna investigación. Fuentes de la fiscalía, no obstante, explican a este periódico que, a partir del relato del denunciante, no hay un nexo directo entre la bandera y la agresión, por lo que, explican, “parece inicialmente un incidente de seguridad ciudadana absolutamente lamentable que será investigado bajo la supervisión del servicio de delitos de odio por si aparece dicho motivo de actuación”.

El martes por la mañana, la bandera republicana de Javier Cuesta sigue en el balcón. Le acompaña ahora una bandera española porque, como dice el agredido medio en broma, “si juega España contra Rusia, yo voy con España porque soy español”.

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martes, 18 de diciembre de 2018

La Policía belga detiene al ultra rojiblanco que asesinó a Aitor Zabaleta por hacer el saludo nazi


Ricardo Guerra, el asesino del hincha de la Real Sociedad Aitor Zabaleta, fue detenido la semana pasada en Bélgica, antes del partido del Atlético frente al Brujas, por realizar el saludo nazi junto a otros miembros del grupo ultra Suburbios Firm. Guerra se encuentra ya de vuelta en España, en el centro de inserción social de la Comunidad de Madrid en el que está interno en régimen de semilibertad.

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Para viajar al extranjero, Guerra debería informar a la junta de tratamiento del centro, que, a su vez, trasladaría la petición al juez de vigilancia penitenciaria, pero no había comunicado sus planes.

Más información y fuente de la noticia aquí

jueves, 14 de diciembre de 2017

Racismo y violencia ultra en el fútbol

Compartimos con vosotr@s este vídeo documental realizado por Movimiento contra la Intolerancia. 

Analizando el problema de la violencia ultra en el fútbol que no cesa, tanto en España como en el plano internacional.


Puedes verlo AQUÍ