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domingo, 7 de junio de 2020

Los manifestantes desafían los toques de queda: “En la Casa Blanca hay un racista”

Más de una semana después de la muerte de George Floyd, se repiten las protestas en varias ciudades de EEUU, aunque los destrozos y saqueos de otras jornadas han amainado
Las protestas no cesan en Estados Unidos, donde al menos 40 ciudades han decretado el toque de queda y permanecen bajo custodia de la Guardia Nacional, e incluso este martes la capital estadounidense vivió un inesperado cacerolazo mientras los manifestantes continuaban frente a la Casa Blanca.
Más de una semana después de que el afroamericano George Floyd muriera por asfixia debido a la presión que ejercía sobre su cuello la rodilla de un policía blanco, en distintas ciudades estadounidenses se repiten las escenas de personas recorriendo las calles, aunque los destrozos y saqueos de otras jornadas han amainado.
Las protestas no cesan en Estados Unidos, donde al menos 40 ciudades han decretado el toque de queda y permanecen bajo custodia de la Guardia Nacional, e incluso este martes la capital estadounidense vivió un inesperado cacerolazo mientras los manifestantes continuaban frente a la Casa Blanca.
Más de una semana después de que el afroamericano George Floyd muriera por asfixia debido a la presión que ejercía sobre su cuello la rodilla de un policía blanco, en distintas ciudades estadounidenses se repiten las escenas de personas recorriendo las calles, aunque los destrozos y saqueos de otras jornadas han amainado.
Y justo a las 19.00 hora local, cuando daba inicio la restricción en la capital, las cacerolas empezaron a sonar en algunas zonas, en respuesta a una convocatoria que circuló en redes sociales, con la intención de sumarse a las protestas.
“Esta noche. 7pm. Consigue tus ollas, consigue tus cucharas, dirígete a una ventana o balcón abierto, golpea como el infierno“, se leía en uno de los mensajes en Twitter, cuyo autor explicaba que “se llama cacerolazo” y “lo perfeccionaron en América Latina como una forma de protestar contra los regímenes autoritarios durante el toque de queda”.
El mismo usuario, al constatar lo ocurrido, agregó: “Es oficial. Los gringos están haciendo cacerolazo”.
La propuesta surgió aparentemente de la pregunta de otra persona sobre la forma más segura para unir sus voces durante la noche y enviar el mensaje de apoyo al lema que los manifestantes repiten en distintos puntos del país: “Sin justicia no hay paz”.

La quinta avenida

La salida del sol y el fin del primer día toque de queda en Nueva York en 80 años dejaron al descubierto este martes la magnitud de los destrozos causados por los manifestantes en la glamurosa Quinta Avenida de Manhattan.
Los escaparates de la avenida símbolo de la opulencia y el poder de la Gran Manzana lucían enormes paredes de listones de madera levantadas precipitadamente para evitar los saqueos que acostumbran a seguir a las protestas pacíficas contra el racismo y la brutalidad policial.
A pocas horas de que entrara en vigor el segundo toque de queda consecutivo, el centro de Nueva York parecía una ciudad tomada, apenas sin autos ni gente en las calles, como si volviera a exhibirse la pandemia del coronavirus.
En Nueva York se efectuaron durante la primera jornada del toque de queda más de 700 arrestos, con diferencia el mayor número desde el inicio de las protestas desencadenadas por la muerte en Minesota de Floyd.

Los saqueos en Nueva York fueron motivo de un desencuentro entre el gobernador del estado, Andrew Cuomo, y el alcalde de la Gran Manzana, el también demócrata Bill de Blasio.
“Lo que ocurrió en la ciudad de Nueva York fue inexcusable“, dijo el gobernador sobre los disturbios y saqueos en comercios registrados durante la noche anterior.
Cuomo había sido previamente criticado por Trump, quien afirmó este martes que Nueva York quedó “hecha pedazos” y se quejó de que Cuomo hubiese rechazado el envío de la “dominadora” Guardia Nacional.

Protestas tempranas

También este martes miles de manifestantes abarrotaron las calles de Los Ángeles en una serie de protestas pacíficas que ante el toque de queda declarado en todo el condado desde las 6 de la tarde han sido adelantadas.
Las marchas, que fueron especialmente numerosas, transitaron por zonas emblemáticas de Hollywood y el Downtown.
El tono tranquilo de estas protestas de día contrastó con las escenas de saqueos y disturbios que han obligado a decretar el estado de emergencia y que se han saldado con 2.700 detenciones a lo largo de cuatro noches consecutivas.
Mientras que en el centro de Florida, dos mujeres fueron arrestadas hoy por vandalizar una casa de vacaciones del ahora expolicía Derek Chauvin, el implicado en la muerte de Floyd, que enfrenta cargos de asesinato por esa acción.
Fuente y más información aquí

El racismo de Minneapolis es de todos

El racismo es insepa­rable del estadounidense blanco, sobre ­todo si es anglosajón y protestante. Lo acompaña allá a donde va, incluso si no es un racista. Así de claro lo dijo Betsy Hodges hace cuatro años, cuando era alcaldesa de Minneapolis y colocó al racismo y la mala relación entre la policía y los negros como el principal problema que tenía su ciudad.
Varias décadas antes, el historiador Arthur Schlesinger reconocía que “nosotros, los americanos blancos, hemos sido racistas en nuestras leyes, en nuestras instituciones, en nuestras costumbres, en nuestros reflejos condicionados, en nuestras almas. La evolución del racismo ha sido el gran fracaso del experimento americano, la contradicción flagrante de los ideales americanos y la permanente minusvalía de la vida americana”. Minneapolis refleja mejor que muchas ciudades estadounidenses la contradicción entre el ideal democrático y la opresión silenciosa de los afroamericanos.
No importa que el alcalde de la ciudad y el gobernador del Estado sean progresistas. No importa que Minnesota tenga una congresista de origen somalí, negra y musulmana, en Washington, o que el Ayun­tamiento de Minneapolis tenga doce regidores demócratas y uno ecologista y que dos de ellos, además de ser negros, sean transexuales. Tampoco importa que el jefe de la policía sea negro porque la gran mayoría de los agentes son blancos y el cuerpo tiene una larga relación con el racismo y el uso desproporcionado de la fuerza. Los abusos quedan impunes. Los sindicatos policiales protegen a los agentes y ni los fiscales ni los jueces les llevan la contraria. Desde el 2012, la junta civil que supervisa al cuerpo ha recibido 2.600 quejas por mala conducta de los agentes. Sólo 12 se han tenido en cuenta y, hasta la detención y ex­pulsión de Derek Chauvin la semana pasada por la muerte de George Floyd cuando estaba bajo su cus­todia, el castigo más severo había ­sido la suspensión de empleo y sueldo de un agente durante 40 horas. Siendo alcaldesa de Minneapolis, Hodges intentó que los policías llevaran cámaras pero el sindicato policial impuso su negativa.
Minneapolis es una ciudad progresista, de 430.000 habitantes, con mucha inmigración etíope, somalí, camboyana, laosiana y mexicana. Es una ciudad rica con empresas muy potentes en sanidad, agricultura y finanzas. Esta riqueza, eminentemente blanca, impulsa la filantropía en el mundo del arte, la gastronomía elegante y una radio pública de primer nivel. Los blancos representan al 60% de la población y los negros al 20%. Pero aún así, los negros tienen más probabi­lidades de ser detenidos que los blancos. El 60% de las víctimas de los tiroteos policiales entre el 2009 y el 2019 han sido negros.
Minneapolis es, por tanto, una ciudad con dos caras. En una están la universidad, los parques, los lagos y los carriles bicis y en la otra, los barrios segregados y el cruce de la calle 38 con la avenida Chicago Sur, donde Floyd murió ahogado con la rodilla del agente Chauvin oprimiéndole la carótida.
El salario medio de un negro de Minnesota es un tercio que el de un blanco. Sus opciones de graduarse en la universidad o comprar una casa, mucho menores. Su probabi­lidad de morir de la Covid-19, tres veces más que la de un blanco, como en el resto de Estados Unidos.
La clase política estadounidense ha sido históricamente incapaz de garantizar la justicia social de los negros. Es más, muchas veces se ha apoyado en la extrema derecha racista para ganar elecciones. Lo hizo Kennedy porque en los años sesenta hasta los demócratas del Sur eran racistas, y lo ha hecho Trump porque es el último ariete de una clase enfrentada al progreso del mesti­zaje racial y cultural. Decenas de millones de estadounidenses toleran el racismo de su ideario político. Debería perder la reelección en ­noviembre pero tampoco debería haber ganado la presidencia en el 2016. Todo puede pasar, como que el pecado original de la república le sobreviva durante muchos años.
El racismo es el pecado original de EE.UU. El negro y el blanco, por mucho que pase el tiempo, per­manecen a la misma distancia del esclavo y del esclavista. Nadie, ni ­siquiera un presidente negro como Obama, ha reducido esta fractura.
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jueves, 4 de junio de 2020

“Si me arrodillo con vosotros, ¿os vais pacíficamente?”

Una de las manifestaciones de Los Ángeles ofrece una imagen simbólica de una solidaridad sin precedentes de la policía con los manifestantes por todo Estados Unidos
Nadie podía estar seguro de si al final había manifestación o no. El miedo a la violencia de estos días había dejado en el aire una protesta que, en teoría, debía continuar el lunes la reivindicación en las calles de Los Ángeles por la muerte de George Floyd. Iba a ser en Sunset Boulevard, esquina con Laurel, una intersección vistosa, a pocos metros del hotel Chateau Marmont. Pero la paranoia de las redes sobre la supuesta infiltración de las manifestaciones para provocar a la policía la había dejado en el aire. Finalmente, los pocos cientos de personas que aparecieron en Sunset Boulevard con carteles de Black Lives Matter tendrían la oportunidad de dar el tono general de las protestas de Estados Unidos.
El comandante Cory Palka, de la división oeste de la Policía de Los Ángeles con 33 años de experiencia, estaba al mando del operativo que vigilaba la concentración. Acompañado por un par de agentes, se metió en medio del grupo y pidió el megáfono. El toque de queda entraba en vigor a las 17:00, dentro de 20 minutos, informó. “Ya sé, a nosotros también nos cambian las reglas sobre la marcha”, dijo cuando la gente empezó a protestar. Pero no era esa toda la solidaridad que quería mostrar el veterano policía.
“Vemos vuestras pancartas, leemos lo que dicen, sabemos que hay problemas, no penséis que hay una gran grieta entre nosotros”, dijo Palka. “Yo soy un tío normal que intenta hacer lo mejor por su comunidad”. En contraste con el comandante sin casco, a una manzana esperaban unidades de la Guardia Nacional. “No queremos disparar, no queremos hacer daño, no queremos sacar a los cientos de agentes que están disponibles”. Y entonces llegó una frase que vino a definir algo que quizá está quedando oculto por la fotos de destrozos: “Escuchad, si me arrodillo con vosotros, ¿tengo vuestra palabra de que esto será pacífico?”. Palka y los policías que iban con él se arrodillaron junto a los manifestantes. “En los próximos 30 o 40 minutos, si os vais pacíficamente por donde habéis venido, os doy mi palabra de honor de que no os encontraréis con policías”.
Un país necesitado de símbolos de unidad los encuentra estos días también entre sus ciudadanos de uniforme. La brutalidad policial que mató a George Floyd en Minneapolis no solo ha revuelto el estómago al mundo, sino a los propios cuerpos y jefes de policía, que estos días han mostrado una solidaridad nunca vista con las protestas que piden la reforma de sus métodos y el fin del racismo sistémico. Escenas parecidas a la de Sunset se habían vivido el domingo en Camden, Nueva Jersey, y en Santa Cruz, California. El lunes, una línea de antidisturbios de Atlanta siguió el mismo ejemplo. El jefe de policía de Denver se unió a la cabecera de una manifestación. Escenas parecidas se han visto por todo el país. Desde los jefes de policía y los alcaldes solo se escucha solidaridad y comprensión ante la indignación ciudadana.
Sade Sellers y EJ Joseph eran dos de los organizadores de la protesta de Sunset. “Nosotros no podemos cancelar nuestro color de piel porque tengamos miedo”, decía para justificar haber seguido adelante pese a un despliegue táctico en las calles de Los Ángeles no visto desde los disturbios de Rodney King, en 1992, cuando murieron más de 60 personas en cuatro días de violencia. Sobre los saqueadores, Joseph decía que eran “unos cualquiera que andan por la calle y les importa una mierda”.
Exactamente a las cinco de la tarde, Sellers y Joseph pidieron a la gente que se fuera a su casa. Se quedaron unas 50 personas esperando alguna acción de la policía. En EE UU no es raro en una manifestación dejarse detener pacíficamente por la policía para dejar claro el compromiso con una protesta, como hace Jane Fonda frente al Congreso. Joseph creía que este lunes sería el último día de protestas y se alegraba de que hubiera terminado de forma pacífica.
Mientras, a un par de kilómetros, se celebraba otra manifestación cerca de la turística intersección de Hollywood y Vine. Alrededor de esa zona, las bandas organizadas de saqueadores comenzaban una noche de caos y violencia en pleno centro de Hollywood. El sonido de las sirenas y los helicópteros inundó la ciudad durante toda la noche. La división de Hollywood batió el lunes su récord de detenciones: 585. La mayoría fueron por violar el toque de queda. Solo 20 de ellas por vandalismo. El día anterior habían sido detenidas 700 personas en toda la ciudad.
Fuente y más in formación aquí 

viernes, 29 de mayo de 2020

El racismo más cotidiano de EEUU se hace viral por un incidente en Central Park

La vida diaria de Estados Unidos está llena de episodios que, con distinta intensidad, recuerdan la vigencia de la lacra del racismo en el país. En casos graves como la muerte este lunes de George Floyd en Minneapolis señalan a la responsabilidad de la policía en casos de violencia excesiva, letal y racista. Pero también en las últimas horas se ha hecho viral un vídeo que registra un incidente aparentemente nimio en Central Park tras el que late una corriente no menos perniciosa: la de las acusaciones falsas a los negros que explotan la asociación a la raza de problemas como la violencia, la amenaza o el crimen.
El incidente sucedió el lunes temprano, cuando Christian Cooper, un hombre negro aficionado a la ornitología que paseaba por el parque neoyorquino, observó a un perro que estaba sin correa, contraviniendo las normas, y educadamente pidió a su dueña que lo atara. Esta, una mujer blanca, se negó y él recurrió a un truco que, según ha explicado luego, ha empleado en otras ocasiones para tratar de convencer a quienes llevan a los perros sueltos para que los aten, que es ofrecerles a los animales algo de comer.
En ese momento ella le dijo que parara y él empezó a grabar en vídeo. En las imágenes se ve a la mujer, con una mascarilla, acercándose a él y amenazándole con llamar a la policía. “Les voy a decir que un afroamericano está amenazando mi vida”, dice la mujer. Él le contesta que haga lo que quiera y ella llama, reportando la falsedad, diciendo que el hombre le está grabando, llorando y urgiendo con un tono de gravedad a la policía a mandar agentes.
La vida diaria de Estados Unidos está llena de episodios que, con distinta intensidad, recuerdan la vigencia de la lacra del racismo en el país. En casos graves como la muerte este lunes de George Floyd en Minneapolis señalan a la responsabilidad de la policía en casos de violencia excesiva, letal y racista. Pero también en las últimas horas se ha hecho viral un vídeo que registra un incidente aparentemente nimio en Central Park tras el que late una corriente no menos perniciosa: la de las acusaciones falsas a los negros que explotan la asociación a la raza de problemas como la violencia, la amenaza o el crimen.
El incidente sucedió el lunes temprano, cuando Christian Cooper, un hombre negro aficionado a la ornitología que paseaba por el parque neoyorquino, observó a un perro que estaba sin correa, contraviniendo las normas, y educadamente pidió a su dueña que lo atara. Esta, una mujer blanca, se negó y él recurrió a un truco que, según ha explicado luego, ha empleado en otras ocasiones para tratar de convencer a quienes llevan a los perros sueltos para que los aten, que es ofrecerles a los animales algo de comer.
En ese momento ella le dijo que parara y él empezó a grabar en vídeo. En las imágenes se ve a la mujer, con una mascarilla, acercándose a él y amenazándole con llamar a la policía. “Les voy a decir que un afroamericano está amenazando mi vida”, dice la mujer. Él le contesta que haga lo que quiera y ella llama, reportando la falsedad, diciendo que el hombre le está grabando, llorando y urgiendo con un tono de gravedad a la policía a mandar agentes.
También la organización de la que Cooper adoptó hace dos años al perro (al que en el vídeo prácticamente ahoga mientras se produce el incidente) anunció que habían vuelto a hacerse cargo del animal.

Disculpas

En unas declaraciones a NBC la mujer ha asegurado que se puso nerviosa porque Cooper le estaba “gritando” y porque no sabía qué había en la comida que le estaba dando al perro pero ha admitido que lo que hizo fue “inaceptable” y ha pedido disculpas “a todo el mundo, especialmente a este hombre, a su familia” y a “cualquiera que tenga peor concepto” de ella, algo que asegura que “entiende”.
“Cuando pienso en la policía soy una persona afortunada”, ha declarado también la mujer. “Me he dado cuenta, especialmente hoy, de que pienso (en la policía) como una agencia de protección y, desafortunadamente, esto me ha hecho darme cuenta de que tanta gente en este país no tiene ese lujo”.

Contra la deshumanización

El hombre, que dejó de grabar cuando Cooper puso la correa al perro y que se marchó tras dar las gracias a la mujer por hacerlo y antes de que llegara la policía, por su parte ha explicado que decidió enfrentarse y grabar porque no quería ser intimidado por las amenazas de la mujer de denunciarle a la policía. “No voy a participar en mi propia deshumanización, no voy a alimentar eso”, ha dicho.
“Vivimos en la era de Ahmaud Arbery, en la que a hombres negros se les dispara por las asunciones que la gente hace sobre los hombres negros y sobre toda la gente negra y no voy a participar en eso”, le dijo a NBC recordando el caso del joven negro que fue asesinado en febrero en Georgia mientras hacía footing por un expolicía blanco y su hijo. Solo este mes, tras la publicación del vídeo, los responsables fueron detenidos e imputados.
Fuente y más información aquí