El
28 de agosto de 1963, poco después de ser puesto en libertad, Martin Luther
King se puso a la cabeza de la Marcha a Washington, una manifestación masiva
que culminó con su mítico discurso ‘I
have a dream’ frente a 250.000 personas.
Al
año siguiente recibiría el Premio Nobel
de la Paz.
El 7 de marzo de 1965 la policía cargó contra una manifestación por los derechos civiles que realizaba una marcha desde Selma, en Alabama, hacia Montgomery tras cruzar el puente Edmund Pettus y causando 17 heridos graves. Los manifestantes pretendían recorrer los 87 kilómetros que separan Selma de Montgomery, la capital, en protesta por la muerte del activista Jimmie Lee Jackson. En este condado, con unas 15.000 personas negras, cerca del 80% de la población, sólo se había permitido el registro para votar a unas 300 de ellas. Aunque la ley de 1964 ya les permitía votar, las autoridades (formadas por blancos) quisieron impedirlo poniéndoles todo tipo de trabas.
Las noticias e imágenes de la violencia policial extrema, desatada sin que hubiera ningún tipo de provocación, en contraste con la conducta de los 600 manifestantes, que practicaban una disciplinada no violencia, se extendieron por todo el mundo.
En respuesta al Domingo Sangriento, Martin Luther King convocó una segunda marcha animando a participar a gente de todo el país, blancos y negros. Asistieron miles de personas, pero tampoco pasaron del puente. Finalmente, en la tercera marcha que se organizaba, los manifestantes llegaron a Montgomery con Martin Luther King a la cabeza de la manifestación.
En cuestión de meses, el presidente Lyndon Johnson firmaría la Ley de Derecho al Voto en respuesta a la indignación pública y la presión ejercida por un movimiento masivo hábilmente organizado. El «Domingo Sangriento», como así es conocido, de 1965 marcó un punto de inflexión en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.
El 15 de Enero de 1929 nacía Martin Luther King, pastor y activista estadounidense que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del movimiento por los derechos civiles para las personas negras y que, además, participó como activista en numerosas protestas contra la guerra de Vietnam y la pobreza en general. Por esa actividad encaminada a terminar con la segregación y la discriminación racial a través de medios no violentos fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1964. Cuatro años después fue asesinado en Memphis.
Hoy su mensaje y legado sigue vigente, siempre recordando a nuestras conciencias el deber solidario de trabajar por la igual dignidad y derechos de los seres humanos, el deber de erradicar el odio racial y la intolerancia.
El 4 de abril fue asesinado Martin Luther King en Memphis, 53 años después de este brutal crimen, su personalidad y su mensaje siguen vigentes, siempre recordando a nuestras conciencias el deber solidario de trabajar por la igual dignidad y derechos de los seres humanos, el deber de erradicar el odio racista, la violencia y la intolerancia.
Su mensaje sigue vigente,
siempre recordando a nuestras conciencias el deber solidario de trabajar por la
igual dignidad y derechos de los seres humanos, el deber de erradicar el odio
racial y la intolerancia.
Rosa Parks dijo “no” y cambió la historia de EE.UU. La amenazaron con arrestarla si no se levantaba del asiento del bus donde estaba sentada, reservado para blancos. Y este solo acto en Montgomery, Alabama, el 1 de enero de 1955, dio el pistoletazo de salida a uno de los mayores movimientos por los derechos civiles de la historia, aunque no fuera el primero ni el último.
Parks ha pasado a la posteridad como la “humilde costurera” que un buen día se plantó frente la injusticia contra los afroamericanos –pero hoy también podemos añadir contra las mujeres. Porque hasta el reciente 2015 no fue que se desvelaron todas las caras de su figura; hasta la exposición de sus escritos, fotografías y documentos personales en la Biblioteca del Congreso de EE.UU. Como dijo Maricia Battle, conservadora de las fotografías de la exposición, para la sociedad ha quedado “congelada en el asiento de bus”. Aunque, como otras, ella fue mucho más allá.
Viviendo en una Alabama rural donde las redadas nocturnas del Ku Klux Klan eran el pan de cada día, Rosa Louise McCauley, su apellido de soltera, solía quedarse las noches despierta junto a su abuelo, de guardia en casa con una escopeta en las manos. Creció en los EE.UU. gobernados por las restrictivas leyes Jim Crow. Aún más en los estados del sur. Un país en el que bajo el lema “separados pero iguales”, las comunidades no blancas eran sometidas y apartadas de espacios públicos como las escuelas, transportes públicos y restaurantes.
Este contacto permanente con una realidad hostil, junto con un sentimiento de justicia arraigado en su fe cristiana, forjaron su carácter y la empujaron a levantar la voz desde joven. Tanto que, al terminar sus estudios secundarios, se casó con Raymond Parks –también activista que defendió a un grupo de adolescentes afroamericanos condenados falsamente de violación, los Scottsboro Boys– y, desde 1944, empezó a trabajar como secretaria en Montgomery para la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP). “En su marido, el primer activista que conoció, Parks vio la posibilidad de un cambio colectivo amplio”, nos detalla Jeanne Theoharis, profesora de Ciencias Políticas en el Brooklyn College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y autora del libro La vida rebelde de Rosa Parks.
Y es que sus primeros años de activismo los dedicó a proteger a las mujeres negras, doblemente discriminadas de los abusos y las violaciones en un momento en que las protestas por violencia sexual estaban completamente silenciadas. Parks también recogió los testigos de mujeres y niñas que habían sido violadas en sus puestos de trabajo, en la calle y otros espacios públicos. “Este tipo de activismo era difícil, peligroso y poco común”, explica Theoharis. Ayer como hoy.
Porque ella, de adolescente, también sufrió un intento de violación por parte de un hombre blanco. Un hecho que marcó su vida y cuyo testimonio la convierte en una pionera. A pesar de lo habitual que eran las agresiones sexuales, hay pocos testimonios en primera persona como el que dejó Parks.
La igualdad entre americanos daría un paso decisivo más en 1968, tras el shock del asesinato de Martin Luther King y la promulgación de la Ley de Derechos Civiles, firmada por el presidente demócrata Lyndon B. Johnson. Pero a lo largo de su vida, Parks se encontró prácticamente sola en la primera línea de batalla. No sólo como activista, sino como mujer perteneciente a una comunidad no blanca. De este modo, describió que vivir en EE.UU. como mujer negra para ella había supuesto un “logro autobiográfico mayor”.
(Artículo de la serie del 75 aniversario de la ONU) Tengo un sueño, sueño que mis hijos vivan un día en un país donde no sean juzgados por el color de su piel, dijo Martin Luther King en su discurso más conocido. El líder de los derechos civiles en Estados Unidos encarnaba los principios de Declaración Universal de los Derechos Humanos, por ello, la Organización de las Naciones Unidas honra su legado y le otorgó un reconocimiento póstumo en 1978.
El 75 aniversario de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas se celebra en un escenario global convulsionado por una pandemia que ha dejado al desnudo las enormes desigualdades presentes en todos los rincones del mundo, desigualdades que impiden el ejercicio de los derechos inherentes a todas las personas.
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, reza el Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, considerada por muchos la Carta Magna de la Humanidad, adoptada en 1948 por la Asamblea General de la ONU.
A lo largo de la historia son muchas las figuras que han enarbolado la bandera de las garantías fundamentales. A la luz de los sucesos que han evidenciado recientemente la discriminación racial y de otros tipos que aún persiste en el mundo de hoy, en esta ocasión recordamos a uno de los personajes más emblemáticos de la lucha por los derechos humanos del siglo XX: Martin Luther King.
Una vida dedicada a la causa de la justicia
“El doctor Martin Luther King fue uno de los gigantes morales del siglo XX. Dedicó su vida a la causa de la igualdad, la justicia y el cambio social sin violencia. Décadas después de su muerte sigue inspirando a toda la gente del mundo que lucha por los derechos y la dignidad humana frente a la opresión, la discriminación y la injusticia”, dijo el Secretario General de la ONU, António Guterres, el 4 de abril de 2018, al cumplirse medio siglo del asesinato de este líder de los derechos civiles.
Guterres afirmó que su convicción de justicia social y de las virtudes de la diversidad son hoy más relevantes que nunca.
Martin Luther King se entregó a la causa de la igualdad y el respeto de los derechos humanos de la población negra de su país, de las personas más pobres y de todas las víctimas de injusticias. Su arma de combate fueron las protestas pacíficas, en las que pronunció discursos que siguen resonando en la actualidad.
Noticias ONU/Shirin Yaseen
Las protestas por la muerte de George Floyd a manos de la policía de Mineápolis se han sucedidio en diversas ciudades de Estados Unidos, como la de Nueva York.
Movimiento por los derechos civiles
Una vez terminada la guerra y adoptada la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la lucha por estas garantías cobró efervescencia en el mundo. Para las décadas de los años 50 y 60, surgió y ganó fuerza en Estados Unidos el movimiento por los derechos civiles, con el que la población negra de ese país buscaba una igualdad de derechos ante las leyes nacionales. El movimiento contó con el apoyo de gran parte de la población blanca estadounidense.
Aunque Estados Unidos había abolido la esclavitud desde la segunda mitad del siglo XIX con la Guerra Civil y a que numerosos afroamericanos habían combatido y perdido la vida en la Segunda Guerra Mundial, persistían la discriminación y el racismo, especialmente en el sur del país.
El líder más notable del movimiento por los derechos civiles fue Martin Luther King, ministro bautista y activista social, que luchó por esas garantías desde 1955 hasta que fue asesinado en 1968.
Tengo un sueño, sueño que mis cuatro hijos vivan un día en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel sino por su carácter.
Su trabajo arduo le ganó un gran poder de convocatoria y le permitió liderar eventos históricos como la Marcha a Washington en agosto de 1963, a la que acudieron más de 250.000 personas y cuyo efecto se reflejó en la proclamación de las leyes de los Derechos Civiles y del Derecho al Voto, que garantizó el derecho al sufragio libre a todos los ciudadanos de Estados Unidos sin ninguna restricción discriminatoria. Hasta entonces, algunos estados basaban ese derecho en criterios raciales o de alfabetización.
En esa ocasión, Martin Luther King dio su discurso más famoso “Tengo un sueño”, que trascendió fronteras y le valió un gran reconocimiento y respeto a nivel internacional.
“Tengo un sueño, sueño que mis cuatro hijos vivan un día en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel sino por su carácter. (…) sueño que un día en Alabama las niñas y los niños negros puedan tomarse de la mano con las niñas y los niños blancos como hermanas y hermanos”, dijo el luchador social en esa movilización en la capital estadounidense.
Premio Nobel de la Paz
Un año más tarde, en 1964, Martin Luther King recibió el Premio Nobel de la Paz, siendo el galardonado más joven hasta ese momento.
Martin Luther King era un gran partidario de las Naciones Unidas como institución y como ideal. En un discurso pronunciado en 1968, pocos días antes de ser asesinado, afirmó que la existencia del género humano dependía de la no violencia y que la ONU era la instancia a la que había que respaldar para conseguir y garantizar la paz.
“La alternativa al no desarme, a no suspender las pruebas nucleares, a no fortalecer las Naciones Unidas y de este modo desarmar al mundo entero, sería una civilización sumida en el abismo de la aniquilación y la transformación de nuestro hábitat en un infierno que ni Dante hubiera podido imaginar”, sostuvo.
ONU/Yutaka Nagata
Martin Luther King y su esposa Coretta Scott King se reunieonr en la sede de la ONU con el secretario general adjunto para Asuntos Políticos, Ralph J. Bunche en 1950.
Visitas a la sede de la ONU
Martin Luther King visitó la ONU en 1964 con su esposa Coretta tras haber recibido el Premio Nobel de la Paz en diciembre de ese año. El entonces secretario general adjunto para Asuntos Políticos, Ralph J. Bunche, fue el encargado de recibirlo.
Años más tarde, el 15 de abril de 1967, Martin Luther King regresó encabezando una delegación que presentó ante la ONU una protesta formal contra la guerra de Vietnam y el papel de Estados Unidos en ella. Al salir de esa reunión, frente al complejo de la ONU y ante una multitud de 125.000 personas opositoras a esa guerra, pronunció un discurso al respecto.
Apenas un año después, el 4 de abril de 1968, Martin Luther King fue abatido a tiros cuando se encontraba en el balcón de un hotel en Memphis, adonde había viajado para apoyar una huelga. El crimen provocó motines en todo el país y el presidente Lyndon B. Johnson declaró un día de luto nacional, pero fue hasta 1986 cuando se empezó a celebrar un día feriado oficial en su honor, después de años de campaña de su viuda apoyada por activistas y algunos miembros del Congreso estadounidense.
El director del centro de estudios se desmarca de las arengas del secesionismo catalán, que ha llegado a planear una marcha por los derechos a semejanza de la de King en 1963
Con tono grave, aferrado al púlpito, Quim Torra le dijo al mundo que Cataluña estaba a punto de tomar el testigo de Martin Luther King en su lucha contra la opresión, que su causa era tan justa como la de los afroamericanos en los Estados Unidos de la década de los cincuenta y sesenta. "Esta es la propuesta que hago al pueblo de Cataluña: o libertad o libertad. Y amparado en el mandato del 1 de octubre y tomando como ejemplo luchas como la de Luther King, propongo una marcha por los derechos civiles, sociales y nacionales de Cataluña", espetó días atrás en el Teatro Nacional de Cataluña, en el discurso que debía trazar las líneas maestras del independentismo en los próximos meses. El auditorio, entregado a la épica y el romanticismo, prorrumpió en un intenso aplauso. Una gran marcha por la libertad que asombraría al mundo, una idea fantástica. No era la primera vez que Torra hacía ondear la bandera de Martin Luther King en favor de su causa.
A 9.600 kilómetros de Barcelona, en el Instituto de Educación e Investigación Martin Luther King Jr. de la Univeridad de Stanford (California), la ocurrencia de utilizar al héroe de la lucha pacífica contra el racismo en favor de la independencia de Cataluña no ha sentado demasiado bien. Así lo confirma el director del instituto, el doctor Clayborne Carson. "No es justo que usen su figura. Luther King trataba de liberar a los afroamericanos de un sistema opresor, y no veo que formar parte de España sea una opresión. Para empezar, nadie impide a los secesionistas ejercer sus derechos humanos fundamentales, ni veo en general que sean oprimidos como grupo, así que uno y otro movimiento no son comparables. Es ir demasiado lejos"
Y prosigue: "No se puede obviar que existe una motivación económica en el movimiento de independencia de Cataluña. Se trata de una región rica que si se separase de España generaría un perjuicio a otros grupos sociales. Así que aprecio que la gente [en Cataluña] abogue por la resistencia no violenta, pero eso por sí mismo no es seguir el camino de King, porque lo que están haciendo en realidad es negar a otra gente los derechos que reclaman para sí"
Tampoco comparte Carson la analogía entre independencia y libertad en el caso concreto de Cataluña. "No tengo todos los detalles, pero no creo que separar una región rica de un país sea comparable a defender los derechos humanos. Si cada persona en el mundo tuviera el derecho a organizar un movimiento secesionista, habría 10.000 países en el mundo. ¿Y eso haría de este un mundo mejor? Yo creo que no. Luther King trataba de construir un mundo que nos uniese a todos, no uno que nos separase y levantase muros. Él trabajaba por un mundo que superase sus diferencias, no por uno que sucumbiera a ellas. Puedo entender el derecho general de la gente a formar su nación, pero deben ser conscientes de que, si lo hacen por motivos culturales o étnicos, crearán en su país una minoría de personas que se sentirán agraviadas y desposeídas de sus derechos, y que en última instancia quizá deberán abandonar su tierra. Esto ya ocurrió en el proceso de separación de India y Pakistán hace 70 años. Los musulmanes tuvieron que abandonar India y los hindúes, salir de Pakistán. Y fue una tragedia".
Hoy 4 de abril de 1968, fue asesinado en Memphis (EE UU) Martin Luther
King, quien gracias a sus convicciones y su constancia logró cambiar a
su país y al mundo. En la Marcha sobre Washington en agosto de
1963, gracias al cual se extendería por todo ese país la conciencia del
movimiento de los derechos civiles. Martin Luther King pronunció el
famoso discurso "I have a dream" (‘yo tengo un sueño’) Su lucha contra el racismo nos sigue inspirando a tod@s.