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miércoles, 24 de junio de 2020

CONTRA EL RACISMO,  LA VIOLENCIA Y EL VANDALISMO,  CONTRA LA HISPANOFOBIA

A raíz del crimen que acabó con la vida del ciudadano negro George Floyd se ha producido la mayor movilización social de condena contra el racismo a nivel mundial en las últimas décadas. Acompañada de una respuesta mediática sin precedentes, toda la gente de bien, y lo celebramos, ha condenado este crimen así como todas las acciones que tienen su matriz en esta ideología maligna que es el Racismo.
Sin embargo,  el rechazo a este crimen y al racismo, que sin ninguna duda a ello nos sumamos, fue acompañado de acciones violentas contras las personas, locales y bienes, causando muertos, destrozos, humillaciones y miedo  a gran parte de la  población Y a esto no nos  no nos sumamos, por el contrario, ni lo justificamos y también lo condenamos,  como en su tiempo hizo Martin Luther King cuando movilizó a la sociedad, SIN VIOLENCIA, contra el racismo, mientras defendía los valores de  libertad, igualdad y solidaridad para todos junto a la universalidad de los Derechos Humanos.
Los últimos episodios protagonizados  por estas conductas violentas del fanatismo  han sido dirigidas  a derribar, vandalizar, pinturrajear las estatuas que hacen referencia   a personajes de antaño que, con sus claros y oscuros, referencian una realidad histórica  que no se puede abordar  desde un presentismo cronocentrista, a veces muy cargado de ignorancia, que  da la impresión que tiene más interés en alentar la Hispanofobia y su Leyenda Negra,  así como el rechazo a todo proceso histórico originado en Europa .
Ni Cervantes, ni Junípero, ni Colón, ni otros personajes de la historia, pueden ser los objetivos de la lucha contra el racismo y el esclavismo.  Por el contrario, ni es justo, ni se ajusta a la verdad. Es anacrónico y deplorable. En un presente donde hay crímenes racistas, hay  mercados de esclavos como en el sur del Mediterráneo, donde se asesina y viola a mujeres por su color de piel en muchas regiones del mundo, o donde se producen matanzas de indígenas que luchan por sus derechos, no reaccionar ante  hechos actuales tan graves, es perder la perspectiva del compromiso humano antirracista.
El movimiento contra el racismo y la intolerancia, como ya planteó el Consejo de Europa en numerosas resoluciones, debe de tener agenda propia y avanzar como estamos haciendo en España, con resultados  evidentes, a conseguir legislaciones, políticas y medidas que prevengan y erradiquen estas conductas, protejan a las víctimas y refuercen la cohesión de la sociedad en los valores democráticos y universales humanistas. Nos espera conseguir  la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, la Ley Integral contra los Delitos de Odio, los planes,  la decidida acción y el compromiso social frente a estas lacras.
Ni  la violencia, ni el vandalismo, ni la ignorancia representan a la acción social e institucional que ha progresado en Europa frente a la barbarie racista, una criminalidad genocida que también asoló a nuestro continente en un pasado reciente como muestra el símbolo de Auschwitz.  La Europa que lucha contra el racismo lo hace desde el respeto al principio de legalidad democrática y a los derechos humanos, conquistando, sin pausa,  paso a paso, condiciones de  igualdad, libertad, justicia social, tolerancia y solidaridad para todas las personas.

domingo, 7 de junio de 2020

Los manifestantes desafían los toques de queda: “En la Casa Blanca hay un racista”

Más de una semana después de la muerte de George Floyd, se repiten las protestas en varias ciudades de EEUU, aunque los destrozos y saqueos de otras jornadas han amainado
Las protestas no cesan en Estados Unidos, donde al menos 40 ciudades han decretado el toque de queda y permanecen bajo custodia de la Guardia Nacional, e incluso este martes la capital estadounidense vivió un inesperado cacerolazo mientras los manifestantes continuaban frente a la Casa Blanca.
Más de una semana después de que el afroamericano George Floyd muriera por asfixia debido a la presión que ejercía sobre su cuello la rodilla de un policía blanco, en distintas ciudades estadounidenses se repiten las escenas de personas recorriendo las calles, aunque los destrozos y saqueos de otras jornadas han amainado.
Las protestas no cesan en Estados Unidos, donde al menos 40 ciudades han decretado el toque de queda y permanecen bajo custodia de la Guardia Nacional, e incluso este martes la capital estadounidense vivió un inesperado cacerolazo mientras los manifestantes continuaban frente a la Casa Blanca.
Más de una semana después de que el afroamericano George Floyd muriera por asfixia debido a la presión que ejercía sobre su cuello la rodilla de un policía blanco, en distintas ciudades estadounidenses se repiten las escenas de personas recorriendo las calles, aunque los destrozos y saqueos de otras jornadas han amainado.
Y justo a las 19.00 hora local, cuando daba inicio la restricción en la capital, las cacerolas empezaron a sonar en algunas zonas, en respuesta a una convocatoria que circuló en redes sociales, con la intención de sumarse a las protestas.
“Esta noche. 7pm. Consigue tus ollas, consigue tus cucharas, dirígete a una ventana o balcón abierto, golpea como el infierno“, se leía en uno de los mensajes en Twitter, cuyo autor explicaba que “se llama cacerolazo” y “lo perfeccionaron en América Latina como una forma de protestar contra los regímenes autoritarios durante el toque de queda”.
El mismo usuario, al constatar lo ocurrido, agregó: “Es oficial. Los gringos están haciendo cacerolazo”.
La propuesta surgió aparentemente de la pregunta de otra persona sobre la forma más segura para unir sus voces durante la noche y enviar el mensaje de apoyo al lema que los manifestantes repiten en distintos puntos del país: “Sin justicia no hay paz”.

La quinta avenida

La salida del sol y el fin del primer día toque de queda en Nueva York en 80 años dejaron al descubierto este martes la magnitud de los destrozos causados por los manifestantes en la glamurosa Quinta Avenida de Manhattan.
Los escaparates de la avenida símbolo de la opulencia y el poder de la Gran Manzana lucían enormes paredes de listones de madera levantadas precipitadamente para evitar los saqueos que acostumbran a seguir a las protestas pacíficas contra el racismo y la brutalidad policial.
A pocas horas de que entrara en vigor el segundo toque de queda consecutivo, el centro de Nueva York parecía una ciudad tomada, apenas sin autos ni gente en las calles, como si volviera a exhibirse la pandemia del coronavirus.
En Nueva York se efectuaron durante la primera jornada del toque de queda más de 700 arrestos, con diferencia el mayor número desde el inicio de las protestas desencadenadas por la muerte en Minesota de Floyd.

Los saqueos en Nueva York fueron motivo de un desencuentro entre el gobernador del estado, Andrew Cuomo, y el alcalde de la Gran Manzana, el también demócrata Bill de Blasio.
“Lo que ocurrió en la ciudad de Nueva York fue inexcusable“, dijo el gobernador sobre los disturbios y saqueos en comercios registrados durante la noche anterior.
Cuomo había sido previamente criticado por Trump, quien afirmó este martes que Nueva York quedó “hecha pedazos” y se quejó de que Cuomo hubiese rechazado el envío de la “dominadora” Guardia Nacional.

Protestas tempranas

También este martes miles de manifestantes abarrotaron las calles de Los Ángeles en una serie de protestas pacíficas que ante el toque de queda declarado en todo el condado desde las 6 de la tarde han sido adelantadas.
Las marchas, que fueron especialmente numerosas, transitaron por zonas emblemáticas de Hollywood y el Downtown.
El tono tranquilo de estas protestas de día contrastó con las escenas de saqueos y disturbios que han obligado a decretar el estado de emergencia y que se han saldado con 2.700 detenciones a lo largo de cuatro noches consecutivas.
Mientras que en el centro de Florida, dos mujeres fueron arrestadas hoy por vandalizar una casa de vacaciones del ahora expolicía Derek Chauvin, el implicado en la muerte de Floyd, que enfrenta cargos de asesinato por esa acción.
Fuente y más información aquí

viernes, 20 de marzo de 2020

La familia de un fallecido se siente “apestada” en su pueblo y acusa al alcalde de señalarla con un bando

El coronavirus rompe la paz en una pequeña localidad de Salamanca

Fuente de Perales en Candelario, un pueblo de Salamanca. Foto: Ayuntamiento de Candelario
Fuente de Perales en Candelario, un pueblo de Salamanca. Foto: Ayuntamiento de Candelario

El lunes 9 de marzo, Ana Isabel Elena llamó al servicio de urgencias 112 para comunicar que su padre, Andrés Elena Domínguez, vecino de Candelario (Salamanca) de 72 años, tenía un grave problema de insuficiencia respiratoria (padecía una insuficiencia crónica). El 112 trasladó al paciente al Hospital Clínico de Salamanca, donde se quedó en Urgencias. Durante el tiempo que permaneció en observación, otro hijo suyo, Andrés Elena García, viajó a Salamanca desde Málaga, su lugar de residencia. Nada más llegar, preguntó a su padre si le habían hecho la prueba de coronavirus. El hombre le respondió que había dado negativo. En las siguientes horas Andrés Elena empeoró y se le hizo un cateterismo. Entre esa noche y la madrugada del 12 de marzo, su salud no mejoró (la fiebre seguía siendo alta) y se le hizo un nuevo test del coronavirus: dio positivo.


Ese mismo día, a 80 kilómetros, en Candelario se publicó un bando municipal del alcalde, Pablo Hernández (PSOE): “Hago saber: que el 12 de marzo de 2020, desde el servicio de Urgencias y Emergencias del 112, se nos ha comunicado la existencia de un caso positivo de coronavirus de un paciente residente en Candelario. Hacemos un llamamiento a la tranquilidad e instamos a los contactos directos de dicho paciente a quedar en cuarentena en sus domicilios (…)”. El bando no citaba el nombre del vecino, pero daba por hecho que el pueblo lo conocía, y se instaba a las personas que habían estado en contacto con él a permanecer aislados.

Prácticamente al mismo tiempo en que Andrés Elena fallecía en la madrugada del día 14 tras pasar sus últimas horas aislado, se produjeron varios actos vandálicos en Candelario, un tranquilo pueblo de la Sierra de Béjar de 600 vecinos habituales y reconocido como bien de interés cultural del patrimonio histórico español. El sábado, residentes no habituales del pueblo y turistas se encontraron con las cuatro ruedas de sus vehículos rajadas; hasta 11 coches inutilizados. “Toda la gente está muy nerviosa por el coronavirus. Llegamos el viernes, aparcamos en la plaza y fuimos al hotel”, dijo a La Gaceta de Salamanca una mujer inglesa que, con su marido, se encontraba de vacaciones en Almuñécar y decidió pasar el fin de semana en Candelario.

El alcalde, Pablo Hernández, hizo público un comunicado para recordar su llamada a la calma en el bando anterior y acusó a un reducido grupo de personas de denigrarse y comprometer el “buen nombre” de pueblo y sus vecinos. Hernández reconoce a EL PAÍS que hay vecinos que “por miedo y por desconocimiento” están muy nerviosos tras el fallecimiento de la víctima del coronavirus. “Se preguntan cuándo fue la última vez que estuvieron con él”. Y algunos acusan a gente de fuera de haber introducido el coronavirus en el pueblo.

Por su parte, el hijo del fallecido, Andrés Elena Domínguez, ha acusado al regidor de convertir a su padre “en un apestado” y de estigmatizar a toda su familia por haber publicado en el bando “que ordenaba la desinfección del centro médico despertando una alarma social en todo el municipio al afirmar que estaba pasando la cuarentena del coronavirus en casa”. El hijo ha recordado, en un comunicado enviado a medios locales, que su padre no visitó ese centro, y que no se encontraba en cuarentena en el pueblo.

El bando, sin embargo, no menciona ninguna de las dos cosas. “Pero es cierto”, dice el alcalde, “que los familiares de Andrés Elena Domínguez fueron al centro médico de Candelario a informar, instados por el hospital, de que su padre estaba en Salamanca ingresado por coronavirus y, al irse, los propios sanitarios limpiaron con lejía rebajada las instalaciones, como manda el protocolo. Pero fue por orden de los responsables del centro de salud, en ningún caso del Ayuntamiento”.

“¿Dónde fue contagiado mi padre?”, se pregunta el hijo de Andrés Elena en su escrito. “Sabiendo que la situación de emergencia que estamos viviendo no es el mejor momento, que nos dejen de estigmatizar porque el contagio se produjo en la cadena de traslado y tratamiento, no en Candelario”. La pregunta, sin embargo, se ha instalado en el interior del pueblo.

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