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jueves, 28 de mayo de 2020

La educación especial apuesta por no correr riesgos y no avanzar la vuelta a los centros ante la falta de recursos

“Hay niños con Síndrome de Down con cardiopatías, autistas que pueden ponerse nerviosos con las mascarillas y alumnos que necesitan un contacto estrecho con los profesores”

Conoces todos los tipos de discapacidades que te puedes encontrar ...
Cuando algunos territorios españoles ya han alcanzado la segunda fase de la desescalada y otros se encuentran a las puertas, ya se han dado a conocer las directrices a seguir para afrontar el regreso a las aulas cuando dicha fase se alcance, sin embargo aún quedan muchas incógnitas por resolver. Más allá de cómo se llevará a cabo el inicio del curso escolar el próximo mes de septiembre, que por ahora sigue sin concretarse, las escuelas de educación especial, que son en torno a cuatrocientas y suman un total de 37 mil alumnos en toda España, viven con preocupación y angustia la falta de medidas concretas respecto a cómo y cuándo deben reabrir sus puertas.
 En Cataluña, el Departamento de Educación se ha limitado a señalar al respecto que “la generalización en la fase 2 de la apertura de las escuelas de educación especial presenta muchas dificultades”, pese a lo cual “se está trabajando para elaborar un plan específico para estos centros y su alumnado, tanto para la realización de acciones concretas en este final de curso como para poder abrir este servicio de manera completa y plenamente adecuada en el curso 2020-21″. Y esta falta de definición se replica en la mayoría de Comunidades Autónomas, que son quienes tienen la última palabra a la hora de diseñar el plan de desescalada educativa dentro de las directrices establecidas por el Gobierno central.
Esta falta de concreción preocupa enormemente al sector, que pide de forma generalizada que el regreso a las aulas no se produzca hasta el próximo mes de septiembre, cuando se entiende que la situación a nivel sanitario estará controlada y los centros habrán tenido tiempo para planificarse y reorganizar espacios y personal para afrontar con garantías de seguridad la vuelta a las aulas. “En los centros de educación especial existe mucha preocupación acerca de cómo proceder de cara a la reapertura de las actividades presenciales y si van a ser capaces de garantizar la seguridad del alumnado y el personal docente”, constata Julián Ruiz, presidente de la Asociación Nacional de Centros de Educación Especial, quien señala que “trabajamos con un colectivo que es especialmente vulnerable”. Por un lado, la mayoría de estos chicos presenta discapacidad asociada a otros problemas de salud, lo que les hace especialmente vulnerables al contagio, y por el otro, resulta extremadamente complicado que permanezcan con las mascarillas puestas y respeten la distancia social por sus propias peculiaridades, como pueden en algunos casos las dificultades de comprensión, la discapacidad sensorial, la conducta o el comportamiento, así como la alta dependencia de algunos de ellos. En este sentido, Ruiz pone de relieve que “si en el aula va a ser complicado que los chicos mantengan la distancia de seguridad, en el comedor, por ejemplo, va a ser más complicado aún, ya que algunos de ellos necesitan incluso ayuda para comer”.
Al respecto, José María Escudero, presidente de la Plataforma Educación Inclusiva Sí, Especial También, recuerda que “hay muchos niños con Síndrome de Down que tienen cardiopatías asociadas, algunos chicos con autismo pueden ponerse muy nerviosos si sus profesores van con mascarilla, hay alumnos que necesitan un contacto muy directo con el personal docente…
No vale la pena correr el riesgo
Por todo ello, la mayoría de centros de educación especial no están a favor de adelantar la atención presencial, pese a que, como asegura Julián Ruiz, “los profesores y colegios están deseando volver y atender de forma presencial a sus alumnos, pero no se entiende correr el riesgo de abrir antes de tiempo para atenderles solo unos días antes de que finalice el curso sin garantizar su seguridad”. Por su parte Escudero admite que “trabajar con niños con discapacidad intelectual a distancia es complicado” y asume que “probablemente el estar casi seis meses sin clases presenciales de estimulación, logopedia y demás puede repercutir en la mayoría de niños, que quizá vayan a sufrir un estancamiento o incluso un retroceso, pero las familias están preocupadas por un posible regreso a las aulas, porque lo más importante para ellos es la salud de sus hijos”. Por su parte, Ruiz constata que “los centros están procurando que ese estancamiento o retroceso no tenga lugar y llevar a cabo las clases de forma telemática está representando un gran esfuerzo para todo el personal docente” pero, pese a que todos son conscientes de que “lo ideal es que los chicos vuelvan al colegio cuanto antes”, aún así “son de la opinión que lo mejor es retrasar el retorno a las aulas hasta septiembre, puesto que entonces habrá un mayor control de la situación sanitaria y los centros habrán tenido más tiempo de organizarse y poner en marcha los protocolos establecidos por las autoridades competentes”.
 En este sentido, Lucía Gutiérrez, directora del colegio de educación especial Virgen de Lourdes de Majadahonda, admite que están viviendo estos días de incertidumbre e indefinición con mucha “inquietud y preocupación” ya que si bien “el deseo es el de volver a las clases presenciales, porque sabemos que a distancia no damos el 100%”, “se ha hecho un esfuerzo increíble para llegar a todos los niños a través de la educación on line, incluso con clases virtuales de logopedia, fisioterapia o educación física, y nos da miedo que todo eso se rompa por solo tres semanas” de atención presencial en el centro. Gutiérrez reconoce que para sus alumnos “la escolarización tiene un componente emocional, más allá del puramente académico, ya que es en el centro donde ellos establecen sus relaciones sociales de igual a igual y en muy pocas ocasiones tienen la posibilidad de establecer ese tipo de relación fuera del entorno escolar”, y además asume que es posible que “los chicos van a salir de todo esto un poco lastimados, como el resto de niños en edad escolar”, pero confía en que “con un poco de esfuerzo extra podrán volver a estar a punto” con cierta rapidez. En cualquier caso, señala que “nos preocupa interrumpir este esfuerzo que familias, alumnos y profesores hemos hecho estos meses para mantener la educación a distancia y más por cuanto, de forma presencial, no vamos a poder darles lo que necesitan”.
Su colega Marta Campuzano, directora de la Escuela Moragas de educación especial de Barcelona, señala que “aunque en nuestros centros hay chicos con rangos de discapacidad muy diferentes, nuestros alumnos necesitan pautas, rutinas y un trabajo muy especializado que en casa no se les puede darLos padres no pueden sustituir a la escuela, que necesita cercanía para poder trabajar con ellos”. “Es posible que se pierda algo en lo que se refiere al aprendizaje con la educación a distancia, pero lo que es realmente importante es lo que se refiere a la pérdida de rutinas y también preocupa el tema de la sociabilización, que es vital y sin poder venir al centro, la están perdiendo”. “Hay casos complicados, con problemas de conducta, agresividad… que se están acentuando ante la falta de rutinas y pautas de los profesionales, de manera que la vuelta será con toda probabilidad un reto profesional”. Campuzano asegura que los profesionales del centro estos días “sienten mucha impotencia por no poder ayudar más a las familias de los alumnos y no poder hacer su trabajo, lo cual crea mucha frustración”, pero pese a todo, admite que “da miedo esta precipitación de regresar a las aulas en unas semanas, sin tenerlo todo atado” y más aún porque sería “solo para hacer dos o tres semanas de educación presencial antes de que acabe el curso y encima en horario reducido”. “No vale la pena”.
 La única solución sería doblar personal
Además, tal y como apunta Gutiérrez, existe preocupación en el sector por el hecho de reabrir en unas semanas “sabiendo que no podremos atender de forma presencial a todos nuestros alumnos”, ya que ello les “obligará a elegir a cuáles sí y a cuáles no”. También destaca que “a estos niños hay que atenderles hasta el último día de clase y si un profesor no está de forma presencial en el colegio no va a poder atender a aquellos que desde su casa deban seguir con la educación virtual”. La única solución a esta situación sería doblar el personal y eso, al margen de la importante inversión económica que requiere, supone también un perjuicio para estos niños, para los que “es muy difícil cambiar constantemente de profesor”, apunta.
Equivalencia injustificada
La directora del colegio Virgen de Lourdes, además, se muestra disconforme con la relación que establece el Gobierno en sus directrices en torno a la desescalada entre las escuelas de educación especial y las escuelas infantiles, a las cuales equipara a la hora de establecer las medidas para regular el retorno a las aulas. “No sé por qué nos han metido en el mismo saco. Nosotros no somos un servicio asistencial y si están planificando nuestro regreso a la actividad por motivos asistenciales, entonces están sacrificando nuestra función educativa”, pone de relieve Guitérrez. En la misma línea, Escudero lamenta que “se haya comparado a los niños de 0 a 6 años con los alumnos de educación especial”, y en este sentido considera que “si se abren los colegios ha de ser para recuperar la normalidad educativa, no para aparcar allí a los niños”. Por último, Ruiz, también muestra su extrañeza por el hecho de que “las medidas promovidas por el Gobierno equiparen a los colegios de educación infantil y los de educación especial” ya que estos últimos “no son un servicio asistencial, como los de los niños de 0 a 6 años”. “Los centros de educación especial son un servicio educativo y sus alumnos no están allí porque necesiten asistencia, sino para recibir educación”, una opinión que comparte José María Escudero, quien además considera que “si se abren los colegios debe ser para regresar a la normalidad educativa, no para aparcar allí a los niños”
En cualquier caso parece haber unanimidad entre familias y centros: lo más conveniente en la situación actual y dadas las particularidades del alumnado de educación especial es aplazar la apertura de los centros hasta el mes de septiembre, cuando se podrán retomar las clases con mayor seguridad, planificación, control y garantías. Además, comenta Marta Campuzano, “tenemos constancia de que muy pocas familias optarían por traer a sus hijos al centro antes de final de curso. “De hecho, en la Escola Moragas tenemos en torno a cuarenta alumnos y creo que solo vendrían unos cinco o diez”, indica su directora.
Dincat lamenta “falta de claridad y compromiso de la Generalitat”
Dincat, que aúna a 60 centros de educación especial de toda Cataluña, denuncia “la falta de claridad, compromiso y colaboración del Gobierno de la Generalitat con el colectivo que engloba a las escuelas de educación especial y los familiares de los alumnos con necesidades especiales”. Por un lado, el sector reclama a la administración que empiece a definir un plan específico y concreto de retorno a las aulas para las escuelas de educación especial y, en el caso en que éste establezca un aplazamiento de la recuperación de la actividad en estos centros, Dincat exige que se planteen alternativas de apoyo adecuadas para los alumnos y familiares hasta que se pueda retomar el curso con normalidad. Además, por otro lado, el sector considera que durante el proceso de definición de las medidas a tomar para encarar la reincorporación de este colectivo a las rutinas escolares, no se han tenido en cuenta las necesidades y características específicas de estos alumnos ni se ha escuchado al sector.
A modo de ejemplo, Dincat subraya que el Departamento de Educación y el Consorcio de Educación de Barcelona han decidido anular de cara al próximo curso la posibilidad de realizar escuela compartida, una modalidad que permite a un alumno asistir de forma alternativa a una escuela ordinaria y a una escuela de educación especial, y que es una de las principales herramientas de inclusión del alumnado con discapacidad intelectual. Dincat no cuestiona la decisión, ya que entiende que responde a medidas de prevención sanitaria, pero “lamenta profundamente que se haya tomado sin establecer alternativas ni tener en cuenta las necesidades de las escuelas, los alumnos y sus familias”. Y a ello se une además que, pese a que el pasado 18 de mayo representantes de Dincat se reunieron con el Departamento de Educación, la decisión les ha cogido completamente por sorpresa, puesto que entonces se les aseguró que dicha medida aún se estaba trabajando con un grupo de expertos de cara a la reapertura de los centros en septiembre.
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miércoles, 27 de mayo de 2020

Los otros riesgos del cierre hasta septiembre de las aulas de educación especial

Padres y expertos advierten de un frenazo incluso un posible retroceso en el desarrollo del aprendizaje de este alumnado
Familias sobrepasadas por las obligaciones laborales, las tareas domésticas y los deberes de sus hijos, quienes de la noche a la mañana dejaron de ir al colegio. Ésa es una de las imágenes que nos va a dejar para la posteridad la crisis de la Covid-19, que empezó siendo sanitaria para alcanzar inmediatamente a la economía y sus consiguientes efectos sociales. Si a esa ecuación casi imposible que se trata de resolver a diario en los hogares españoles, se añade que entre sus miembros hay niños con necesidades educativas especiales, el confinamiento se convierte en la cima más alta del mundo para unos padres que ven cómo se han interrumpido terapias fundamentales para la evolución de sus hijos con dificultades para hablar, con discapacidad física o con problemas de aprendizaje, por citar algunos de los ejemplos de necesidad educativa especial (NEE).
El cambio de fase en el proceso de desconfinamiento va a traer la reactivación de los centros de atención infantil temprana (CAIT), que asisten a niños de hasta siete años con trastornos del desarrollo. Desde la Consejería de Salud, de la que dependen estos centros, confirman a ABC que ya se han empezado a reprogramar las citas, a acondicionar las instalaciones para cumplir con las medidas de seguridad, dando prioridad a los niños con necesidades más severas, a los que el confinamiento les ha podido suponer un parón e incluso, como temen algunas familias y expertos, una involución en su desarrollo.
En estos centros, los niños reciben terapias y se facilitan a las familias actividades para que puedan seguir estimulando a sus hijos fuera de las instalaciones. Es la única puerta que se abre, por ahora, en la atención educativa y formativa pública para una parte de este colectivo, los más pequeños. Los casi 2.000 alumnos matriculados este curso en centros de educación especial públicos y concertados de Sevilla no podrán regresar a las aulas hasta el curso que viene al igual que sus compañeros de los centros ordinarios, donde también hay alumnos con necesidades especiales tanto en aulas específicas como en el resto de clases, en función del alcance del trastorno diagnosticado.
En total, en Andalucía hay escolarizados 74.397 alumnos con NEE. El impacto del cierre de los colegios en el aprendizaje académico no es la principal preocupación de sus padres, los cuales no sólo se han visto obligados a reemplazar desde el pasado 16 de marzo a los profesores de sus hijos, también a los logopedas, a los fisioterapeutas, a los psicólogos… Una misión que para muchas familias ha sido imposible.
«Tenemos casos de niños con espina bífida que han dejado de recibir las sesiones de fisioterapia y ahora no se pueden mantener en la silla. Este tipo de terapias son fundamentales para mejorar las perspectivas de vida de estos niños y la inactividad durante dos meses puede suponer un retroceso». A la fundación que dirige Antonio Guerrero les están llegando familias muy preocupadas por el retraso que están observando en la evolución de sus hijos. «Son los grandes olvidados de esta crisis. Cuando se establecen nuevas normas, no se tienen en cuenta a estas personas. Ahora que se ha ordenado el uso obligatorio de mascarillas, ¿saben la dificultad que supone para muchos de estos chicos llevarla puesta?»
Durante el confinamiento, los centros de educación especial han tratado de mantener el contacto a través de videollamadas y remitiendo a los padres tareas para realizar en casa. Pero este tipo de recursos no ha llegado a todos los niños matriculados porque hay centros ordinarios que llevan años reclamando personal especializado para sus aulas y al no disponer de él o tener que compartirlo con otros centros, con ratios sobredimensionadas, el seguimiento a distancia de estos alumnos no ha existido, favoreciendo el frenazo en el desarrollo de habilidades esenciales. Además, este tipo de formación on line fracasa en niños que presentan, por ejemplo, dificultades para mantener la atención mirando a una pantalla y requieren de una atención presencial.
 Pasar factura
A la desigualdad en el reparto de recursos, se une que las familias no tienen la misma capacidad para suplir a profesionales tan especializados, el resultado es que hay niños que no han avanzado nada desde hace más de dos meses; mientras que otros lo hacen a duras penas. Junto a ellos, unos padres «agobiados» ante la posibilidad de que este confinamiento les pase factura. Laura es una de esas madres que admite esa preocupación extra por su hijo autista de 10 años.
Psicóloga de formación, desde que le dieron el diagnóstico de Álvaro, se esforzó en especializarse con ayuda de la asociación Autismo Sevilla. Ella reconoce que su caso está entre los que están sacando como pueden las tareas adelante. «El esfuerzo es enorme. Hace unos días le mandaron a mi hijo que hiciera un mural sobre flores. Si el resto de compañeros pudo hacerlo en una hora, nosotros le tuvimos que dedicar una semana».
Hay otros padres que no pueden asumir esa carga añadida impuesta por la pandemia «porque no tienen un ordenador para hacer una videoconferencia o porque no están ligados a ninguna asociación y se enfrentan a esto solos». Laura asegura que el asociacionismo está supliendo las carencias que tiene el sistema, las cuales se han multiplicado con el confinamiento. «Hay niños con necesidades especiales que van a aulas ordinarias y las tareas que están recibiendo son las mismas que las de sus compañeros, sin ningún tipo de adaptación».
Desde el otro lado, los profesionales que trabajan con este alumnado no han contado con herramientas específicas para poder mantener la formación a distancia y han ido reinventándose sobre la marcha, señala esta madre, vecina de Tomares.
La rutina es fundamental en niños con trastornos como el de Álvaro y el confinamiento la ha dinamitado. Las conductas destructivas y obsesivas son señales de que el aprendizaje se está ralentizando. Y no se trata de una lección de historia o de nociones de gramática. «Mi hijo está perdiendo sus relaciones sociales. Y lo está notando con comportamientos que denotan estrés». Hay niños que rechazan que sus padres sustituyan la figura de su educador porque simplemente no entienden este cambio tan drástico de su mundo más próximo. «Aquellos que presentan un patrón de mayor inflexibilidad lo están tenido más difícil».
Y sobre la vuelta a las aulas, en estos padres reina el temor porque no tienen claro cómo se va a garantizar que este alumnado guarde la distancia de seguridad o que compatibilicen las medidas para evitar la propagación del virus con la atención personalizada que requieren.
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jueves, 7 de mayo de 2020

Los padres de Educación Especial alertan de los problemas de no asistir a clases: ni fisioterapia, ni logopedia y retrocesos en el aprendizaje




Desde que se decretó el cierre de los centros de educación de Castilla y León el pasado 23 de marzo, los niños (y los padres) han tratado de seguir el currículo desde casa. La Junta de Castilla y León, como otras administraciones, ha puesto en marcha una plataforma para que los alumnos tengan acceso a material educativo en línea, y los profesores se han volcado, en muchos casos, para que lo que queda de curso no se pierda. Sin embargo, tener que ausentarse varios meses del colegio no supone lo mismo para todos los niños.
"La brecha entre los niños de educación especial y el resto de alumnos se va a agrandar estos meses", sentencia por teléfono Mariano Muñoz, presidente de la Asociación de Familiares de Alumnos Corazón Verde de Valladolid y padre de un niño con un 65% de discapacidad intelectual. La Confederación de Federaciones de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado de Centros Públicos de Enseñanza de Castilla y León (CONFACAPAL) advirtió de la situación la semana pasada e instó al Gobierno autonómico a tomar medidas

"La profesora ha hecho un grupo de WhatAapp y nos manda correos casi todos los días. Nos ha enviado tareas de música para trabajar con él y el profesor de educación física, ejercicios para hacer en casa", señala Luis Ruiz, padre de Diego, un chico de 16 años con síndrome de Down que asiste al Colegio de Educación número 1 de Valladolid. Sin embargo, "no es lo mismo", la buena voluntad de los profesores llega donde llega y el trabajo en casa no siempre es fácil


Diego, de 16 años, durante un viaje a Alemania.
Diego, de 16 años, durante un viaje a Alemania.
"A mi hijo le cuesta ponerse a hacer las tareas. Estos chicos se acostumbran a no hacer nada, y para ellos no es lo mismo que una profesora esté encima a que lo esté su padre", señala por teléfono. Con todo, estos dos padres son conscientes de que tienen relativamente más suerte que otros progenitores. Para los hijos de Luis y Mariano un ordenador o una tablet es suficiente si están encima de ellos. Pero otros no corren esa suerte.
"Hay mucha diferencia entre niños. Hay algunos que necesitan ordenadores adaptados o sillas especiales para moverse. Este material está en los centros. En casa poco pueden hacer los padres", explica Mariano Muñoz. Esta distinción, explican ambos progenitores, va a permitir que sus hijos "solo" se estanquen; pero hay casos en los que los chicos y chicas "van a sufrir retrocesos".
Es el miedo que tiene Jonatan Fraile, padre de una niña de nueve años con síndrome de Phelan-McDermid, "el único caso de Valladolid", cuenta por teléfono. Fraile teme que los tibios avances que ha logrado su hija gracias al colegio se queden en nada. "Me da miedo que mi hija tenga un retroceso en el control de esfínteres", explica. Este caso muestra por qué la educación especial va más allá de una educación tradicional. "Esta situación nos va a machacar".
"Nuestros hijos no van a la escuela para aprender a sumar o a restar: necesitan fisioterapia o logopedia. Eso es lo que falta ahora y desde casa no podemos trabajarlo", resume. Los profesores le han enviado, por ejemplo, ejercicios para practicar la pronunciación, pero es incapaz de seguirlo desde casa. "Por mucho que me expliquen cómo tiene que hacer los movimientos de la boca y cómo trabajar los músculos no es lo mismo. No tengo esa formación", resume.
El problema no es sólo que tengan que dedicar más tiempo que el resto de padres, algo a lo que ya están acostumbrados, el problema es que además se ven en una tesitura desconocida. "Yo reviso sistemas de climatización, no puedo teletrabajar y mi mujer, que trabaja en una sucursal, tiene que ir dos semanas al mes todos los días", relata Fraile. Con los colegios cerrados, la única alternativa que tienen es llevar a los niños con los abuelos. "No puedo pedir a mis padres que hagan esos ejercicios o que estén pendientes de la plataforma de educación online cuando les cuesta hacer una videollamada", cuenta.
"Para estos niños lo más importante es la rutina. Ahora no tienen nada y eso les afecta porque no saben ni en qué día viven", explica Luis. Su hijo necesita ir al fisioterapia cada cierto tiempo, nada grave, pero le ayuda. "A lo mejor Diego no necesita tantas atenciones, pero hay compañeros suyos de clase que sí". Los padres son conscientes de que el confinamiento va a tener una derivada física y mental para los niños de educación especial. Porque no solo es que tengan problemas para aprender desde casa: ahora tampoco pueden ir a fisioterapia, a fútbol o a natación. 

El Colegio de Educación Especial número 1, en Valladolid
El Colegio de Educación Especial número 1, en Valladolid JCYL
Los colegios de educación especial y las asociaciones ponen a disposición de los padres, además de terapias, actividades extraescolares, donde el ejercicio físico es casi tan importante como la socialización. "Los chicos con la enfermedad de mi hija son muy introvertidos. Habíamos conseguido que socializara más con la gente, que estuviera a gusto con otros niños, y ahora... Si no puede estar con otros y apenas salir de casa se va a volver más introvertida", sentencia.
Ante esta situación los padres y las Ampas reclaman a la Junta de Castilla y León medidas para que la brecha entre unos y otros alumnos no se siga agrandando. Desde CONFACAPAL lamentan que no se esté realizando un seguimiento adecuado del alumnado, lo que está provocando no solo un retraso curricular, sino que está repercutiendo en su calidad de vida. Una de las propuestas que la Confederación de Ampas de Castilla y León hace al gobierno autonómico es que se creen becas y servicios especiales para compensar las necesidades derivadas de las terapias perdidas y facilitar.
Jonatan, aunque apoya peticiones de este tipo, pero critica la actitud de la Administración en todo esto. "No han buscado soluciones específicas, han pasado de esto", dice con pesar. "¿El proyecto de dar tarjetas SIM a los padres para que los hijos se conecten de qué me sirve a mí?". Pese a estos esfuerzos, este padre siente que la educación especial importa poco. Por lo que espera que la Junta actúe para abrir los centros cuando sea posible. "Estamos de acuerdo, hay una pandemia, nos ha afectado a todos, pero se tienen que buscar unas soluciones. ¿No se pueden dar clases con menos alumnos? ¿No pueden darles equipos de protección? ¿Ni si quiera puede ir a terapia una o dos veces por semana?".
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