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martes, 19 de mayo de 2020

El Defensor del Pueblo pide una "revisión profunda" del sistema de residencias de mayores para dar una atención "digna"

Sigue en directo la última hora sobre el coronavirus en España y en el mundo

El Defensor del Pueblo pide una "revisión profunda" del sistema de residencias de mayores para dar una atención "digna"
Una residencia de mayores de Cádiz - EUROPA PRESS
Fernández Marugán avisa de que la crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto las carencias en estos centros

El Defensor del Pueblo en funciones, Francisco Fernández Marugán, considera que el modelo en su conjunto del sistema residencial para personas mayores requiere una "revisión profunda" si se quiere conseguir que haya un número suficiente para mayores en las que se preste "una atención de calidad centrada en el individuo, su dignidad y sus derechos".

La institución, que ha presentado este miércoles en el Congreso su informe correspondiente a 2019, ha recalcado que algunas de sus recomendaciones y sugerencias pasadas, "tienen ahora más actualidad que nunca, ya que algunas carencias del pasado se están dejando ver en esta crisis con una mayor intensidad". Como ejemplos, destaca la situación de las residencias de ancianos o la necesidad de crear una renta mínima de inserción social de ámbito estatal.

Por ello, aboga por reformas en el ámbito de las residencias de mayores, centradas en "prestar una mayor atención presupuestaria, formativa, dotacional e inspectora" en estos para poder hacer frente a los retos actuales y futuros, así como revisar al alza las ratios de personal de atención directa.

"La estructura de edad de la población y su proyección futura, junto con los cambios en los modelos de hogar y la mayor escasez de apoyos familiares, obligan a revisar las pautas de actuación en la atención social", alerta el Defensor.

El Defensor lleva examinando desde hace unos años la atención que se presta en los centros residenciales de mayores de todo el territorio nacional y alertando de las carencias de medios y personal en "muchos de ellos".

4,1 PLAZAS DE RESIDENCIA POR CADA 100 MAYORES
España cuenta en la actualidad con 4,1 plazas de residencia por cada 100 personas mayores. Son en total 372.985 plazas en 2019, según la base de datos de residencias de Envejecimiento en Red del CESIC. El número de octogenarios ya supone el 6,1% de toda la población y el de centenarios asciende a 16.303 personas. Esto pone de manifiesto un claro proceso de "envejecimiento del propio envejecimiento" que previsiblemente se intensificará en los próximos años.

Por eso, de entre las reformas más urgentes, cree necesario revisar al alza las ratios de personal de atención directa para mejorar la calidad asistencial. "Los usuarios con dependencia son más y su dependencia es mayor y requieren una atención correcta y plenamente respetuosa con sus derechos", considera el Defensor.

Para ello, insta al Consejo Territorial a profundizar en el conocimiento de las necesidades de los centros de mayores que atienden a personas con grados de dependencia II y III, para así fijar unos requisitos y estándares adecuados en materia de recursos humanos que establezcan las ratios, tanto en cómputo global como específico, por categorías profesionales, distinguiendo gerocultores y otras categorías.

También califica de urgente que las comunidades autónomas aumenten su capacidad inspectora, dado el gran número de residencias existentes y los diferentes modelos de gestión, y cree conveniente reforzar la atención médica y de enfermería en estos centros residenciales.

Para aquellos casos de mayor dependencia o enfermedad, la Institución señala que "puede resultar adecuado tender a la generación de entornos más pequeños y domésticos", para que prime "la calidad de vida, el respeto a la autonomía y la dignidad" de las personas que habitan estos espacios.

Otra de las conclusiones del Defensor del Pueblo es que perdura una gran dispersión normativa sobre los requisitos que deben reunir los centros residenciales para su acreditación y posterior autorización de funcionamiento. En consecuencia, para solventar esta situación se requiere que las comunidades autónomas realicen un "importante esfuerzo de actualización y armonización".

LEY ORGÁNICA

Por otra parte, la Institución asegura que "la vida en una residencia puede dar lugar a situaciones que afectan a la libertad, como son el ingreso involuntario de los residentes con deterioro cognitivo o psíquico" o "las sujeciones físicas".

El conjunto de problemas que plantean estas circunstancias hace necesaria "una ley orgánica que delimite las circunstancias extraordinarias vinculadas a la salud y al deterioro físico y mental en las que las personas de edad avanzada pueden tener, excepcionalmente, que asumir limitaciones al ejercicio de algunos de sus derechos fundamentales, con especial referencia a la atención en centros residenciales".

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domingo, 10 de mayo de 2020

Las personas mayores tienen el mismo derecho a la vida que los demás durante y después del coronavirus


Se espera que las personas mayores se vean fuertemente impactadas por el COVID-19 en países en desarrollo como Bangladesh. 

En su condición de titular de la ONU, pero también de persona mayor, António Guterres lanza una iniciativa para defender los derechos de los ancianos y recuerda que “ninguna persona, joven o vieja, es prescindible”. Toda respuesta social, económica y humanitaria al COVID-19 debe tener en cuenta las necesidades y la opinión de las personas mayores.

La tasa de mortalidad de COVID-19 para las personas mayores de 80 años es cinco veces más elevada que el promedio mundial para el resto de la población, dijo el viernes el Secretario General de la ONU, al lanzar una nueva iniciativa política con la que abordar este y muchos otros desafíos que enfrentan los ancianos, durante y después de la mayor crisis de salud pública que golpea al mundo en un siglo.

"Nuestra respuesta al COVID-19 debe respetar los derechos y la dignidad de las personas de edad", dijo António Guterres al presentar la iniciativa.

Ninguna persona, joven o vieja, es prescindible.

En el contexto de la discriminación por edad, la autonomía para las personas mayores, las disparidades en la protección social y la atención médica durante la pandemia, así como la falta de poder de decisión, el titular de la ONU indicó que para las personas mayores la crisis está exacerbando las brechas existentes en la protección de los derechos humanos y sociales, así como los desafíos económicos".

"Necesitamos defender ahora los derechos de las personas mayores", dijo por su parte la experta independiente de la ONU sobre el disfrute de todos los derechos humanos por parte de las personas mayores, Rosa Kornfeld-Matte.

"La gerontofobia generalizada, el miedo a la degeneración propia y la muerte relacionada con la edad alimentan los prejuicios, la discriminación y, en última instancia, la negación de los derechos humanos en la edad avanzada”, agregó la especialista en derechos humanos.

Para Guterres es una cuestión personal

"Como persona de edad que soy, con la responsabilidad de una madre aún mayor, estoy profundamente preocupado por la pandemia a nivel personal, y por sus efectos sobre nuestras comunidades y sociedades", dijo el titular de la ONU compartiendo sus sentimientos con los de tantos hijos y tantos ancianos.

Al mismo tiempo, señaló que las personas mayores contribuyen "inconmensurablemente" a sus familias y comunidades, sacrificando comúnmente su propio bienestar para cuidar a los demás, incluida la ayuda de hijos y nietos: "Nuestra respuesta COVID-19 debe ser consciente de todos estos asuntos y debe respetar los derechos y la dignidad de las personas mayores ".

Abordar las necesidades de las personas mayores

"Ninguna persona, joven o vieja, es prescindible", subrayó Guterres.

El impacto en la salud y los servicios de atención a largo plazo para las personas mayores debe reconocer y enfrentar los desafíos particulares que enfrentan, incluida su capacidad para acceder a tratamiento y atención médica.

"Las personas mayores tienen los mismos derechos a la vida y la salud que todos los demás", explicó el responsable de las Naciones Unidas. "Las decisiones difíciles en torno a la atención médica que salva vidas deben respetar los derechos humanos y la dignidad de todos".

Y aunque el distanciamiento físico es crucial, señaló la necesidad de recordar que "somos una comunidad y todos nos pertenecemos el uno al otro".

El Secretario General de la ONU durante una rueda de prensa virtual.ONU//Mark Garten


La tecnología a su servicio

La tecnología digital debe mejorarse para mitigar las restricciones de movimiento que pueden interrumpir la atención, el apoyo y la inclusión social esenciales para las personas mayores.

"Eso es vital para las personas mayores que pueden enfrentar un gran sufrimiento y aislamiento bajo encierros y otras restricciones", sostuvo Guterres.

Más allá del impacto inmediato en la salud, la pandemia está poniendo a las personas mayores en "mayor riesgo de pobreza, discriminación y aislamiento", aseguró antes de augurar que lo más probable es que tales riesgos causen "un impacto particularmente devastador" en los países en desarrollo, donde los servicios de salud pública y protección social se verán probablemente abrumados por el virus.

Además, toda respuesta sociales, económica y humanitaria al COVID-19 debe tener en cuenta las necesidades de las personas mayores, en particular en términos de cobertura sanitaria universal, pensiones, empleo y protección social.

"La mayoría de las personas mayores son mujeres, que tienen más probabilidades de entrar en este período de sus vidas en la pobreza y sin acceso a la atención médica", explicó el Secretario General. "Las políticas deben estar dirigidas a satisfacer sus necesidades".

Apoyar la respuesta de los ancianos

Las personas mayores no deben ser tratadas como personas invisibles o impotentes, sino reconocidas por sus diversas experiencias y las múltiples formas en que están contribuyendo a superar esta crisis.

"Muchas personas mayores dependen de un ingreso y están totalmente dedicadas al trabajo, a la vida familiar, a la enseñanza y el aprendizaje, y al cuidado de los demás", argumentó.

Su participación en la respuesta a la pandemia debe ser tenida en cuenta, y su conocimiento y buenas prácticas compartidas como parte de la recuperación.

"Sus voces y liderazgo cuentan", subrayó el jefe de la ONU.

La recuperación mejor juntos

"Para superar esta pandemia juntos, necesitamos un aumento en la solidaridad global y nacional, y las contribuciones de todos los miembros de la sociedad, incluidas las personas mayores", afirmó.

Esto requiere una legislación adecuada a nivel nacional, un impulso hacia una convención internacional sobre los derechos humanos de las personas mayores a nivel mundial, y una inversión sostenible en sistemas de salud, atención y protección social que garanticen la dignidad y los derechos de las personas mayores.

"A medida que buscamos recuperarnos mejor, necesitaremos ambición y visión para construir sociedades más inclusivas, sostenibles y amigables con la edad que sean aptas para el futuro", concluyó el Secretario General.

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domingo, 19 de abril de 2020

Una red vecinal de Valladolid pone en contacto a jóvenes y mayores para hacer los recados "sin riesgos"

La asociación vecinal del barrio de la Rondilla de Valladolid se ha organizado para crear una red de asistencia entre todas las casas.
Desde que empezó la cuarentena,  ponen en contacto a  mayores que viven solos con jóvenes voluntarios que les hacen los recados para que ellos no corran riesgos.

recados "sin riesgos"

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lunes, 6 de abril de 2020

Coronavirus: Sanidad ve «discriminatorio» limitar el acceso a las UCI de mayores de 80 años

Una anciana, protegida con una mascarilla contra el coronavirus, camina por la calle
Una anciana, protegida con una mascarilla contra el coronavirus, camina por la calle - ABC
Con recursos limitados y una avalancha de enfermos de coronavirus que parece no tener fin, ¿se debe dar prioridad a los más jóvenes? ¿al que pueda aportar más a la sociedad? o ¿al personal sanitario que trabaja en primera línea? Esta pandemia no solo pone a prueba a los sistemas sanitarios de todo el mundo también plantea cada día numerosos problemas éticos. El Ministerio de Sanidad ha entrado por primera vez en el debate con la publicación de un documento con recomendaciones para ayudar a tomar decisiones mientras dure la pandemia.

El documento considera «discriminatorio» excluir a los mayores de 80 años o enfemerdades neurodegenerativas como el alzhéimer de los cuidados intensivos y de la utilización de sistemas de ventilación mecánica, como había propuesto la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc) o el Sistema de Emergencias Médicas de Cataluña . «Excluir a pacientes del acceso a determinados recursos asistenciales o a determinados tratamientos resulta contrario, por discriminatorio, a los fundamentos mismos de nuestro estado de derecho y cita el artículo 14 de la Constitución española», se indica en el documento elaborado por el jurista y experto en bioética Carlos Romeo Casabona. En caso de escasez de ventiladores o camas UCI, se pide que los pacientes de mayor edad sean tratados en las mismas condiciones que el resto de la población, «atendiendo a criterios clínicos de cada caso particular. No resulta en modo alguno aceptable descartar el acceso a toda persona que supere una edad», se expone.

Más allá de las consideraciones sobre la etapa vital de los pacientes, se utiliza el mismo argumento para defender el acceso de personas con cualquier discapacidad a los recursos del sistema sanitario.

La respuesta del informe que ahora publica el Ministerio de Sanidad es similar a la que ya dio el Comite de Bioética de España: «Es necesario valorar las circunstancias concretas de cada paciente, sin excluir a nadie a priori», reclamaba este organismo de carácter consultivo del Ejecutivo. Pero esta vez el documento lo asume el Gobierno.


Test de coronavirus, derecho y obligación

El informe de Sanidad plantea también otros dilemas por la escasez de recursos. Se refiere a los buscados test de diagnóstico de Covid-19 que empiezan a llegar con cuenta gotas y deberían facilitarse como prioridad a los profesionales sanitarios implicados en el cuidado de los enfermos y otras profesionales indispensables en esta crisis como la policía, el ejército, así como el personal de residencias, centros de atención a mayores o prisiones.

Pero cuando estén disponibles para el resto de la población, sería obligatorio someter a esas pruebas a las personas potencialmente infectadas en aras de un interés superior de salud para evitar la transmisión de la infección. Y a la vista de un resultado positivo de un test, se podría obligar a realizar un aislamiento domiciliario o el ingreso en un centro sanitario.


Escenario post confinamiento

El documento apela también a la vuelta progresiva a la normalidad social antes del confinamiento. Es «inaplazable», pide a las autoridades sanitarias, diseñar un escenario sanitario y post confinamiento, tomando las medidas necesarias para evitar una segunda oleada de personas infectadas por el coronavirus.

Asimismo advierte del riego que recorren los sanitarios sin trajes de protección ni mascarillas y los médicos jubilados reclutados para hacer frente al volumen de enfermos que ha dejado y dejará la Covid-19. A los expertos que han contribuido al documento no les parece una mala idea, pero les preocupa que se ponga en riesgo a un grupo, que por su edad, es doblemente vulnerable.

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Movimiento contra la Intolerancia denuncia a la Generalitat por evitar los ingresos de pacientes de más de 80 años contagiados por el COVID-19

Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, autor de la denuncia contra la Generalitat.
Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia (MCI), en nombre de esta asociación ha denunciado al Departamento (Consejería) de Salud de la Generalitat de Cataluña por la implementación de la llamada “Guía de la Generalitat para sus sanitarios de Emergencias” en la que recomienda a sus sanitarios de emergencias evitar ingresar a pacientes de más de 80 años, con síntomas coronavirus, en los hospitales.
MCI considera que tales indicaciones encajan en la tipificación establecidad para los delitos cometidos contra la integridad moral, del artículo 173 del Código Penal; de la omisión del deber de socorro, del 195 y 196 del mismo Código; y de odio, del 510.1 y 511, que protegen la dignidad de la persona, una cualidad innata a todo ser humano por el mero hecho de serlo y en tal condición no puede ser objeto de discriminación, como expresión del derecho a la igualdad reconocido en el artículo 14 de la Constitución, y así se lo ha hecho saber a la Fiscalía General del Estado en su denuncia.
El texto sobre el que se basa la denuncia habla de «evitar ingresos de pacientes con escaso beneficio, ya sea por patologías respiratorias por el COVID-19 u otras patologías que condicionen el estado crítico».
La consigna lanzada a los sanitarios de emergencias es la de priorizar el ingreso en las Unidades de Cuidados Intensivos de aquellas que tienen más posiblidades de vivir.
Desde el punto de vista de MCI, el mensaje de dicha guía daña la dignidad de todas las personas de edad avanzada por razón de enfermedad o discapacidad, genera discriminación, y menosprecia su integridad moral por dejarlos privados del auxilio sanitario establecido en nuestro ordenamiento jurídico.
Además, contraviene la protección que la Constitución Española otorga a todos los ciudadanos.
La existencia de la mencionada Guía del Departamento de Salud, que dirige la consejera Alba Vergés, fue ampliamente cubierta por la prensa.
Y criticada: “El Govern aconseja en un documento no ingresar en la UCI a mayores de 80 años”, publicó 20 Minutos. “La Generalitat pide que no se ingrese en la UCI a mayores de 80 años”, Público. “La Generalitat recomienda evitar ingresos de pacientes de más de 80 añso en las UCI”, La Verdad. “La Generalitat prioriza las UCI para los pacientes con más posibilidades de vivir”, Diario Sur. “Medicina de Guerra en Cataluña: la Generalidad aconseja morir en casa”, Libertad Digital. Y “Sanitarios catalanes cuestionan las restricciones ante el coronavirus: ‘No voy a dejar que nadie muera en casa'”, El Mundo
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domingo, 5 de abril de 2020

EN DEFENSA DE NUESTROS MAYORES Y DE LOS MÁS VULNERABLES

COMUNICADO DE LA PLATAFORMA CONTRA LA DISCRIMINACIÓN POR EDAD

La grave crisis sanitaria que vive España está poniendo a prueba nuestra capacidad para hacer frente a la pandemia debido a la insuficiencia de recursos sanitarios, y está poniendo a prueba también la fibra moral de nuestra sociedad. Nuestro deber es responder a esta crisis de un modo éticamente coherente con los principios que inspiran nuestra democracia y nuestra Constitución y la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Dichos principios proclaman ante todo la igual dignidad de la persona y el derecho a la vida, un derecho que tienen por igual todas las personas, sin que admita valoraciones basadas en circunstancias personales, como puede ser la edad. Como consecuencia de esa valoración igualitaria de toda vida humana, nuestra sociedad y nuestras instituciones dan prioridad y ofrecen servicios especiales de apoyo a las personas que sufren alguna discapacidad y en general a los más vulnerables.
La pandemia del coronavirus está castigando a las personas según un patrón de edad, hasta el punto de que entre los de edad más avanzada el efecto de la enfermedad está siendo devastador. Lamentamos que en estos momentos cruciales haya quienes proponen que se utilice la edad como criterio para decidir a quien se ayuda a sobrevivir y a quien se deja morir. Todo ser humano tiene derecho a la vida sin que su edad, sea cual sea, se pueda usar como criterio para darle preferencia sobre otra o para denegarle su derecho a vivir. Así lo ha entendido el Comité de Bioética de España en las pautas que ha hecho públicas para orientar a los profesionales de la salud cara a las situaciones de triaje a que puedan verse obligados a hacer frente en el presente contexto de pandemia.
A esas pautas también nos adherimos las organizaciones que formamos parte de la Plataforma contra la Discriminación por Edad, y pedimos y exigimos que los responsables de las instituciones sanitarias ajusten escrupulosamente sus criterios de actuación a dichas pautas del CBE, y que informen debidamente al personal a su cargo, sin permitir en ningún caso que la vida de una persona pueda quedar a merced de criterios individuales que, por falta de la debida información, recurran a la edad como concepto para decidir sobre el derecho a vivir de un paciente.
Por ello, pedimos al Gobierno y a las autoridades sanitarias que se garanticen los derechos consagrados en la Constitución y, en especial la defensa de las personas más vulnerables como son las que sufren algún grado de discapacidad o las de edad avanzada.

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lunes, 23 de marzo de 2020

El Consejo de Europa advierte del aumento del discurso del odio hacia las personas mayores

Estrasburgo (Francia) (EuroEFE).- La comisaria de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Dunja Mijatovic, denunció este viernes un aumento de discursos de odio hacia las personas mayores en las redes sociales, a través de mensajes “crueles e inhumanos”.

Un grupo de ancianos juega al mus este jueves en un bar del barrio de Aluche, en Madrid, mientras en la televisión comparece el presidente del Gobierno tras un Consejo de Ministros extraordinario en el que se ha abordado la crisis del coronavirus. [EFE/Mariscal]
“La pandemia ha dado lugar a la proliferación de comentarios despectivos y discursos de odio dirigidos a las personas mayores en las redes sociales, que son signos de un creciente resentimiento intergeneracional”, dijo Mijatovic en un comunicado.
Se mostró “sorprendida” de que etiquetas “crueles e inhumanas” con las personas mayores se hayan convertido en tendencia en Twitter.
Citó algunos de los numerosos casos documentados en esa red social por la ONG francesa Les petits frères des pauvres (Los hermanitos de los pobres), como “Ella tenía 80 años. Ahora déjanos hacer las compras tranquilos, por favor”.
“No notamos la diferencia, las personas mayores mueren todos los días… Uno más, uno menos”; o “Dejen entrar el virus en las residencias de mayores. Así no habrá reforma de las pensiones. Esto sólo mata a los viejos”.
Para la comisaria, esos comentarios son “intolerables” y los Estados europeos deben “contrarrestar este discurso y crear conciencia sobre el peligro que representa esta actitud”.
También señaló que la situación actual pone de manifiesto “fallos” de las residencias de ancianos, que al margen de la amenaza del coronavirus “a menudo generan numerosas violaciones de derechos humanos, incluidos el abuso y el maltrato”.
La comisaria afirmó que el distanciamiento social que impone el “vital y necesario” confinamiento “agrava el aislamiento social de las personas mayores” y su estado de salud mental. Por ello, “necesitan más apoyo que nunca en esta situación de crisis”.
Para Mijatovic, es urgente que los Estados europeos lleven a cabo reformas de la asistencia social tras la actual crisis y que en el centro de esas reformas esté el apoyo individualizado a las personas mayores.
El coronavirus no debe ser excusa para el racismo
La pandemia de coronavirus no es, en ninguna circunstancia, una excusa para el racismo y otras formas de discriminación, recordaron este viernes los organismos que velan por los derechos humanos en la Unión Europea (UE), la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y el Consejo de Europa.
“La rápida propagación del nuevo coronavirus entre continentes y países no debe usarse como una excusa para la discriminación racial o los delitos de odio”, demandó la Oficina para Instituciones Democráticas y Derechos Humanos (ODIHR) de la OSCE, la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA) y la Comisión del Consejo de Europa contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI).
“Es importante recordar que las sociedades basadas en la solidaridad y la inclusión son más resistentes a circunstancias cambiantes”, subrayaron estas tres instituciones en vísperas del Día Internacional para la eliminación de la discriminación racial.
“En algunos aspectos, el racismo es como el coronavirus. Es una enfermedad contagiosa que acecha sin ser vista hasta que se propaga repentinamente y causa daños graves a individuos, familias, comunidades y a toda la sociedad”, señaló Maria Marouda, presidenta de ECRI, en un comunicado conjunto.
Marouda llamó a unir fuerzas para frenar la expansión del racismo mediante una legislación sólida, planes de acción y educación.
“Los políticos y los ciudadanos deben hablar contra el discurso de odio que se desencadena actualmente por la pandemia”, demandó.
Michael O’Flaherty, director de la FRA, pidió que las respuestas políticas que se den a la pandemia respeten los derechos humanos.
“Sin lugar a dudas, necesitamos respuestas de salud pública sólidas y bien informadas en este momento. Pero, igualmente, debemos asegurarnos de que estas respuestas respeten los derechos humanos de todos y no afecten desproporcionadamente a ciertos grupos”, dijo.
El experto irlandés indica que su agencia está analizando el impacto en los derechos humanos de las medidas adoptadas y pronto darán a conocer sus resultados.
Por su parte, Ingibjörg Sólrún Gísladóttir, la directora de la ODIHR, subrayó que “la intolerancia y la discriminación no sólo son inaceptables sino también contraproducentes”, y llamó a trabajar unidos para hacer frente a la situación.
Los tres expertos recuerdan que aunque el papel de la sociedad civil es importante, son los gobiernos los principales responsables de garantizar que las víctimas de delitos de odio y discriminación sean protegidas y reciban apoyo.
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viernes, 5 de julio de 2019

Qué pasa cuando sales del armario a los 70 años: "Por primera vez en mi vida no tengo miedo"

Muchas personas homosexuales que nacieron en plena dictadura franquista han alargado su invisibilidad durante décadas y algunas salen del armario mayores

Aunque en la familia de Juan Pablo, de 72 años, sigue siendo un tema tabú, hace dos decidió visibilizarse en todos los ámbitos: "La heterosexualidad se muestra constantemente y yo no podía, así que me dije '¿Por qué tengo que esconderme?'"

Lorenza se casó con un hombre, pero a los 60 años y tras divorciarse se enamoró de otra mujer. "Me quité el velo de los ojos. Supongo que era algo que no sabía o no quería ver", dice


Hoy Juan Pablo posa sonriente junto a su pareja frente a un cartel que le devuelve su imagen bajo la frase "Quienes se mantuvieron firmes". Es uno de los rostros de la campaña del Ayuntamiento de Madrid "Nuestro Mayor Orgullo", que pretende homenajear a las personas mayores y reconocer el duro camino que han tenido que atravesar para llegar hasta aquí. A sus 72 años, Juan Pablo es visible en cientos de rótulos desplegados por toda la ciudad e incluso en las pantallas gigantes que coronan la madrileña plaza de Callao, pero solo hace dos que se muestra al mundo tal y como es. 

La salida del armario más allá de los 50 no es fácil. Lo saben bien personas como él, madrileño nacido en 1946, en plena dictadura franquista. La dura represión que sufrieron los homosexuales y transexuales en aquella época se plasmó en ley en 1954, cuando Juan Pablo no tenía ni diez años, y convirtió en delito la homosexualidad considerándola un peligro público. "Había un armario muy muy fuerte. ¡Es que era un delito! Nunca sentí culpa, pero sabía que no era correcto ni ético, que no se podían hacer ciertas cosas", explica Juan Pablo. 
En este contexto de persecución y falta de libertad, muchas personas fueron duramente reprimidas y otras vivieron en el silencio durante décadas, entre el miedo, la discreción y el disimulo. Esto provocó una enorme homofobia interiorizada e hizo a muchos alargar durante décadas su invisibilidad. "Nadie de mi familia preguntaba, pero lo intuían. Me fui a vivir con mis parejas y, lo típico, éramos 'compañeros de piso'. Nunca se habló". Como muchas personas LGTBI, Juan Pablo acabó alejándose de sus familiares poco a poco por esta misma razón hasta llegar incluso a perder el contacto durante años. 
Aunque más tarde lo retomó con su madre y con sus hermanos, la relación con la familia siempre ha estado lastrada por el tabú de su orientación sexual. "Por la vía de los hechos ha mejorado y mi pareja viene a las reuniones familiares. Todo el mundo lo sabe, aunque ahí hay una conversación pendiente", dice. Pero el cambio más importante para Juan Pablo es el que dio hace dos años, a los 70, cuando decidió mostrarse abiertamente gay ante todo el mundo –en el vecindario, en el gimnasio, ejemplifica– hasta acabar en los carteles de la campaña municipal para este Orgullo 2019. "Sentía que no tenía la libertad de ser yo mismo. La heterosexualidad se muestra constantemente, y yo no podía, así que me dije '¿Por qué tengo que esconderme?'".

Cómo reacciona el entorno

Pedro Antonio Beguería coordina el grupo de mayores de COGAM al que pertenece Juan Pablo y asegura que en su juventud "no salía del armario ni loco, lo vivíamos de la forma más discreta posible". Aunque su familia siempre lo supo, recuerda el momento en que manifestó su orientación sexual en el trabajo, donde nunca había hablado de ello hasta que se casó con su novio, cuando tenía 57 años. Era 2006 y el Congreso acababa de dar luz verde al matrimonio igualitario. "Claro, tuve que decírselo a mi jefa. Me preguntó '¿Cómo se llama ella?' Y yo le dije: 'Eusebio'", recuerda entre risas. "No pestañeó, se quedó planchada, pero era muy abierta. Nos casó Pedro Zerolo y fue un inmenso honor".
Las reacciones en el entorno cuando una persona mayor sale del armario son muy variadas. Así lo atestiguan en la Fundación 26 de Diciembre, que trabaja con personas mayores LGTBI: "No es nada fácil para ellos. En general cuando toman la decisión de hacerse visibles suele haber una buena aceptación, a veces con un proceso largo de por medio, aunque hay de todo", señala Juanjo Argüello, psicólogo de la organización. No obstante, tanto desde la Fundación 26 de Diciembre como desde COGAM explican que todavía una gran cantidad de personas LGTBI de más de 50 años sigue en el armario, al menos en algunos ámbitos.
"De hecho, la mayoría se quedan ahí. No llegan a transmitírselo a su familia o a su entorno más íntimo, aunque sí acuden a eventos LGTBI, bares o a asociaciones", prosigue el psicólogo. Entre las personas que sí se hacen visibles, algunas acaban con relaciones familiares muy deterioradas y para otras nunca vuelve a ser lo mismo e incluso llegan a ser rechazadas por su entorno más íntimo y directo, que puede llegar a dejar de hablarles o tener contacto con ellas. 
El caso de Lorenza es justo el contrario. Ella se casó con un hombre con el que llevaba desde los 15 años y tuvo dos hijos: "Entonces no piensas que hay otra vida posible. Te educaban para ser sumisa y buena esposa". Tras divorciarse de su marido por otros motivos, esta mujer de 73 años que vive en Fuerteventura se enamoró de otra mujer. "Me quité el velo de delante de los ojos. Supongo que era algo que no sabía o no quería ver". La reacción de sus dos hijos fue "estupenda" y con su nieto de 18 años lo habla con naturalidad. De hecho, su pareja es parte de su familia.

Lo que hay fuera del armario

No solo las reacciones son variadas, también lo son las propias experiencias de los mayores LGTBI respecto a la orientación sexual. Algunas, como Lorenza, fueron conscientes de su identidad con una edad avanzada, en parte por la escasa libertad del momento; otras lo fueron desde siempre y vivieron acorde a ella; y otras formaron familias y se casaron con personas de distinto sexo conforme a lo que marcaba la férrea norma social. Es el caso de Leopold, que contrajo matrimonio con una mujer con la que estuvo hasta que no pudo más. "Me sentía culpable por engañar y por ocultarme. No fui valiente y tenía muchísimo miedo", explica.
Leopold tiene ahora 73 años, pero lleva fuera del armario 13. "Mis dos hijos siempre me han apoyado, supongo que no fue una sorpresa para ellos. Con mis hermanos ha sido una evolución lenta". Tras este duro proceso, Leopold, que ha formado parte de varios colectivos en defensa de los derechos LGTBI de Barcelona, reconoce ahora sentirse liberado, la sensación más habitual entre las personas que llevan décadas ocultando su orientación sexual. "El armario, para la ropa y las perchas", exclama entre risas Lorenza. "Yo ahora vivo. Con mayúsculas y en letras grandes", dice.
La satisfacción de vivir y mostrarse tal y como son es la percepción inequívoca de todas las personas consultadas para este reportaje, que en muchos casos han dejado atrás décadas de angustia y ocultamiento. "Tengo una tranquilidad que nunca he tenido. Ahora estoy comportándome de forma honesta conmigo mismo. Por primera vez en mi vida no tengo miedo... miedo a que me insulten o me desprecien", señala Juan Pablo, que agradece a todas las personas de su generación y anteriores "el valor" que tuvieron al "superar el temor y ser valientes" para "iniciar la lucha". 
Ser espejo para otros es también su objetivo y, a los 72 años, asegura haberse visibilizado como gay para todas aquellas personas que no pueden o saben hacerlo. "¿Por qué he salido del armario? Por respetar mi propia autoestima y mi dignidad. Pero también hay una segunda razón muy importante: por intentar ayudar de alguna manera a hombres y mujeres que estén sufriendo, que estén en su duda interior, que se hayan sentido machacados o se repriman... En definitiva, que sigan teniendo miedo" .